¿Es posible hablar de sexualidad desde un punto de vista religioso y psicoanalítico? Si partimos de la idea que la palabra religión proviene del término religar, unir, parece que es obvio que ambos, psicoanálisis y religión, pretendan en el fondo llegar a lo mismo con algunas similitudes y varias diferencias.
Todas las religiones apuntan a desarrollar en el hombre el instinto de vida y la unión y procreación de las personas con vínculos eróticos deseantes. El psicoanálisis entra a jugar en el momento en que la religión ya no puede actuar, en especial cuando surgen problemas psicológicos o conflictos entre los seres humanos o en los seres humanos. La religión ordena amar e ir al encuentro del otro pero la neurosis impide al sujeto ir a ese encuentro. El psicoanálisis ayuda a que la persona supere sus obstáculos para poder encontrarse con el otro. En el caso que el sujeto tenga fe la religión lo ayuda a manejarse adecuadamente. Pero a la persona enferma la religión no le es suficiente.
Ambos, psicoanálisis y religión, pueden facilitar el despliegue de las potencialidades eróticas del ser humano siempre y cuando las instituciones no desarrollen el costado oscuro, obsceno y superyoico que mana cuando entran a jugar los fanatismos y los fundamentalismos. Tanto en uno como en otro de lo que se trata es de liberar las pulsiones libidinales. El psicoanálisis considera a la sublimación como distintas formas de expresar la sexualidad, esto es el amor al arte, al conocimiento, a los deportes, y a todas las actividades que desplegamos en la vida y que no responden a la simple respuesta a una necesidad. Así, todas las actividades son de algún modo desplazamientos de nuestra sexualidad. El psicoanálisis tiene dos objetivos concretos; lograr que la gente esté mejor consigo misma y con sus semejantes y que pueda encontrar placer en actividades sustitutas, sublimatorias, como lo es el arte en general porque el hombre es carne y espíritu.
Cuando el hombre se ocupar de su familia y de su ser, encuentra placer en otras cosas que no responden sólo a lo genital propiamente dicho y que también son desplazamiento de pulsiones. La religión podría servir de coartada para una vida más espiritual siempre y cuando no se confunda espiritualidad con abolición o represión de las necesidades carnales. Abolir la expresión de la sexualidad sería borrar la capacidad de conocimiento…
La base de la comunicación de una sociedad descansa sobre los vínculos eróticos que se dan entre las personas que la componen. Vemos así que, diferentes culturas tienen distintos modos de relacionarse sexualmente respondiendo también a los distintos modos de expresarse y comunicarse de sus miembros. Para que esta comunicación sea posible es menester crear e incentivar el deseo entre los miembros muchas veces opacado por los problemas de la vida cotidiana. ¿Qué pasa en tiempos de crisis, hay más o menos cantidad de encuentros sexuales en una comunidad afectada? ¿Qué pasó en la gran depresión que acaeció en los años 30, incidió esto en la sexualidad? ¿Cómo se comprueba? ¿Hay más o menos nacimientos después de una época crítica?
Como el tema de la sexualidad es muy vasto voy a tratar algunos puntos importantes que no se pueden pasar por alto como la castración y el deseo. Toda la sexualidad se juega, entre estos dos puntos. A la búsqueda del objeto sexual amoroso le sigue la satisfacción del encuentro o la frustración del mismo, sin embargo ambas situaciones dan origen a un nuevo comienzo y así sucesivamente. Dice la Biblia que Adán “conoció” a Eva y ese conocimiento es interpretado como unión sexual. De ahí en mas el conocer implica la unión sexual que es el modo más auténtico y profundo que tiene el ser humano de conocer a otra persona. El conocer implica deseo de saber más del otro y el consiguiente compromiso con la persona amada. Esta sería la forma religiosa de abordar la sexualidad, deseo de conocer al otro hasta donde el otro me lo permita, luego aparecen los consiguientes permisos y limitaciones siempre tendientes a incrementar el deseo sexual el cual aparece desde el principio asociado al deseo de saber.
La Biblia usa la misma palabra para conocer y tener una relación sexual, “Y Adam conoció a Eva…” el término conocer en la Biblia tiene esta doble significación, es por ello que, el conocimiento implica una connotación profundamente erótica. La forma de relación aceptada en la Biblia es heterosexual y se “realiza” en el casamiento. El concepto freudiano de la sexualidad tampoco es libertino, ya que Freud tenía como norma la forma sexual genital más adecuadamente realizada en el matrimonio. La relación sexual es tomada como algo divino. En Freud la sexualidad no es simplemente el acto físico de la copulación sino una metáfora completa en la cual todos los sentidos estarían involucrados. Para que haya bendiciones tiene que haber macho y hembra, donde no están no hay bendiciones.
La primera pregunta, el primer misterio es de donde venimos o de donde vienen los niños, que sería la pregunta existencial distorsionada. Lo que tienen en común, entonces, conocimiento y sexualidad, es la pregunta por el principio, siendo el punto máximo del conocimiento, la penetración. Freud, tenía muy en claro este concepto cuando dice que entre los dos y los cinco años, el niño descubre la sexualidad y comienza a mostrar signos de actividad sexual. La actividad intelectual del niño es una forma sublimada de obtener conocimiento, y de la escoptofilia, se deriva el amor al conocimiento. El instinto de conocer en los niños está unido a los temas sexuales y es tempranamente despertado por ellos. La concentración es un actividad intelectual que produce mucha excitación y es, sin lugar a duda Es la sobrecarga de actividad intelectual la que trae aparejada la neurosis.
En el psicoanálisis, el descubrimiento del inconsciente y la experiencia de insight son situaciones totalmente eróticas porque en ellas hay sexualidad desplazada..
La bisexualidad también está implícita en la Biblia, ya que Dios creó a la mujer de una costilla del hombre. Esto explica que lo masculino incluye lo femenino. También para Freud, el hombre nace bisexual y se realiza en la heterosexualidad. Freud veía en otras formas de sexualidad, perversiones.
Freud dice que cuando el niño llega a la pubertad, viene una poderosa corriente sensual que ya no puede evitar e inviste a los objetos que lo rodean y cita a la Biblia de la cual era un gran conocedor cuando dice “un hombre debe dejar a su padre y a su madre y quedarse con su mujer porque luego se unen la sensualidad y la ternura”.

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