Grupo de Reflexión
martes, 17 de abril de 2012
POSIBILIDAD E IMPOSIBILIDAD DE LA AMISTAD. Dra. Mirta Cohen
El paranoico, dice Fernando Colina, es alguien que no renuncia al resentimiento ni al carácter de víctima irreconciliable Las amistades cuando se rigen por el placer entran en conflicto y nunca son igualmente provechosas para todos. Se quiera o no se es amigo de alguien contra alguien.
El paranoico es el más riguroso cumplidor de la ley. La verdadera amistad pone en marcha la segregación de lo demás .El paranoico no puede tener amigos porque él encarna la misma ley. La ley es su ideal .El paranoico tiene leyes inflexibles que no deja espacio a la infracción. Solo para la obediencia incondicional. Es el más antisocial de los hombres. Los hombres se unen por la afinidad de unos pero también por oposición a otros. Junto con los amigos uno tiene los enemigos que se merece. El paranoico nos obliga a acompañarlo en su delirio. Uno tiene tanto como le prestan los amigos que posee. Los amigos nos garantizan el poder y también pueden recluirnos a la soledad. El paranoico se encuentra ocupado por el poder. A causa de su incapacidad para alojar al otro acaba creyéndose único. Luego pierde los vínculos de amistad y crea un círculo de violencia y exclusión. El paranoico capta la necesidad de los hombres de ser conducidos por un líder y ejerce su voluntad en consecuencia
En el libro Lisis o de la amistad, escrito por Platon, Sócrates de camino al liceo se cruza con Hippotales que lo invita a una palestra que dirige Mikos un sofista notable. En cuanto empiezan a andar Sócrates le pregunta a Hippotales el nombre del muchacho que a él lo inspira. Interviene entonces Ktesippos para decirle a Sócrates que el nombre del muchacho es Lisis.
Sócrates consigue hablar con Lisis primero sobre el amor de los padres. Si te quieren por qué no te dan libertad? Tiene mas poder un esclavo que vos mismo? Por qué te someten a la esclavitud? A lo que el chico contesta que no puede manejarse solo porque no tiene edad suficiente. Luego queda demostrado que los padres quieren su bien y que el bien es darle elementos, exigirle que se forme y tenga “bienes”, conocimientos que ofrecer a otros. Le dice que “Toda vez que poseamos una ciencia los otros confiarán en nosotros lo cual de algún modo nos hace esclavos de los demás por lo que tenemos que responder a las demandas de los otros que confían”. Con esto le demuestra Sócrates que si llega a ser sabio otro querrá su amistad.
Luego le dice a Hippotales que la mejor manera de ser amigo es disminuir o poner en justa valía el mérito de los otros, en vez de admirarlos con la boca abierta y de mimarlos como él hace con Lisis. Más tarde se agrega al diálogo Menésenos y se termina pensando ampliamente acerca de la amistad. Sócrates dice que el tema de la amistad fue desde su infancia su pasión más grande como para otros los caballos, el oro o los honores. A partir de allí tratan de descubrir que es la amistad exponiendo todo tipo de interrogantes para terminar diciendo que no han sido capaces de descubrir que es la amistad. Interrumpen la charla cuando vienen los sofistas a buscar a sus alumnos para las clases.
Las preguntas que hace Sócrates son: es amigo el que ama o el que es amado? ¿Puede ser que ame al que me odia y odie al que me ama?¿Los seres que se buscan lo hacen por ser semejantes o diferentes?¿Es posible ser amigo de los malos o desequilibrados si ni entre ellos pueden cultivar la amistad?¿ si el bueno se basta a sí mismo para qué necesita de los demás? ¿se puede amar lo que es inútil? ¿ se es amigo de algo o porque sí sin causa determinada? Sócrates asevera: Podemos decir que bien se trate del alma o del cuerpo es amigo aquel que no siendo ni bueno ni malo es inclinado por la presencia del mal a desear el bien. Si ningún mal nos hiriese no tendríamos necesidad de socorro. Por lo cual se deduce que necesitamos del mal para conocer el bien.
Platón en Lisis dice que los buenos son semejantes entre si y amigos y que los malos nunca son semejantes ni con ellos mismos pues son imprevisibles e inestables.
La amistad es lo más necesario para la vida, sin amigos nadie querría vivir. Aristóteles Etica a Nicómaco.
La amistad es deseable por si misma pero tiene sus orígenes en los beneficios. Las amistades cuando se rigen por el placer entran en conflicto y nunca son igualmente provechosas para todos. Se quiera o no se es amigo de alguien contra alguien. Epicuro Sentencias Vaticanas.
La mujer no está capacitada para la amistad. Y...de los hombres quién está capacitado? Nietzsche.
Si me preguntan porque amé a mi amigo contestaré del único modo que puede expresarse: Porque él era él y yo era yo y agrega “cada uno se da tan por entero a su amigo que nada le queda por repartir con los otros, la amistad verdadera se aparta de la comunidad se olvida del mundo y se muestra insolidaria y ajena a la ley. Antígona distingue entre la
ley humana y la ley divina, escrita y no escrita, ética o legal. Montaigne [de la amistad].
La paranoia es la enfermedad del poder y por tanto lo contrario a la amistad. Masa y poder. Caneti
El poder se ejerce ante los demás y la amistad que brindamos a los nuestros es una manifestación de poder. Es muy difícil encontrar amistades verdaderas entre los hombres dados a los honores y la política. Cicerón De amictia.XVII pag.64.
A mí el recuerdo de los amigos diferentes me resulta dulce y suave, ya que los tuve como quién debe perderlos y luego los perdí como quién aún los tiene. Séneca cartas morales a Lucilio.IX.Barcelona Iberia 1964 Vol.l pag.22.
La amistad marca la disimetría absoluta dar lo que no se tiene. Derrida Política de la amistad. París Galilee 1994 pag. 204.
La amistad esconde el misterio de no saber nunca del todo quién es el otro. Por lo tanto puede ser amigo el que acepta la relación con lo desconocido. Blanchot.
martes, 3 de abril de 2012
A PROPÓSITO DE LA LIBERTAD. Dra. Mirta Cohen
Tal como lo escribió Cervantes en sus trabajos en cautiverio, el drama viene como producto de algo inviable. El sobreviviente necesita contar sus historias para sobrevivir y recuperar su libertad. Hasta que la persona no habla, formula y cuenta lo que pasó, no elabora y sin este trabajo no puede continuar porque la subjetividad se va armando cuando cuenta lo que siente o cuando escribe. Muchas personas que han vivido situaciones de gran dolor psíquico y no pueden hablar, encuentran en la escritura un modo de expresión que los hace sentir acompañados hasta que hallan un contexto favorable para hablar. La víctima, sufre un tabú a hablar, que es como un miedo irracional a convocar el mal. Son personas que padecen el silencio y perpetúan el sometimiento psíquico porque siguen ligados a ser para otro. Estas personas no hablan o se cuidan mucho de hacerlo con cualquiera, porque temen que el otro no pueda soportarlo. A veces piensan, erradamente, que hablar de lo que vivieron con personas que no han tenido esa experiencia, hace que no signifique nada para el otro. Es como decir, “veo tu herida y sé que sufrís pero por más que me esfuerce, no puedo sentir tu dolor”. Contar lo que pasó y lo que sintieron les produce tanta repulsión como reencontrarse con sus torturadores en la calle, porque vuelven a despertar sentimientos y se convocan fantasmas del pasado que se llevan “prolijamente” guardados en la mochila. Sin embargo, curiosamente, sólo hablando el relato descarga su valor tanático-incisivo y libera en parte al sujeto del trauma vivido. La gente que pasó por situaciones traumáticas extremas, como privación de la libertad, tortura, guerra o un prolongado aislamiento, interactúa, cuando lo hace, solamente con otra gente que pasó por lo mismo, que comparte un código común, que paso por la misma experiencia.
Esto implica un gran esfuerzo psíquico para el que escucha, porque son cosas que no se pueden escuchar sin sentir un fuerte dolor. Vemos también que las personas que más sufren son aquellas que no tienen un grupo con el que identificarse porque su sufrimiento fue individual y no respondió a ninguna causa, fue particular, solitario y no forma parte de un acontecimiento público. Es dolor, sufrimiento no compartido. Cuando se ha sufrido una gran injusticia pero la liberación es grupal, es posible hablar con otros y encontrar la liberación en el grupo, como vemos en los grupos de ex combatientes, madres o abuelas de Plaza de Mayo, víctimas de accidentes o atentados terroristas, secuestros, etc. Son personas que necesitan reunirse y narrar lo que pasó a modo de elaborar la pérdida sufrida en conjunto. En principio, estas personas se reúnen para juntar fuerzas y elaborar aquellos que han sufrido, con un enemigo en común. Esto quiere decir que es necesario que el acontecimiento que tuvo lugar tenga que ver, no con un desastre natural, sino por hechos donde hay un responsable de lo sucedido, de quien es necesario defenderse. Una excepción puede ser cuando hay que unirse para juntar la ceniza, sacar la ceniza de los techos, grupos de tareas, etc. Otros se fueron del lugar.
La pregunta que se impone y es de difícil respuesta es, ¿por qué hay gente que opta por la libertad y otra que cede frente a la esclavitud? Quisiera al respecto hacer una consideración de Sartre, quien insiste en un sujeto condenado a ser libre. Sostiene Sartre que aún somos libres entre las paredes de una cárcel y que la enfermedad no nos exime de serlo, de no someternos, de luchar. Da el ejemplo de de que aún entre las paredes de una cárcel se puede elegir tener una actitud digna que permita dejar de ser un prisionero pasivo. Aún aprisionado objetivamente hay posibilidad de ser libre subjetivamente, como lo hacen aquellos que estando en prisión, estudian. Lo vemos con Frida Kahlo que en la inmovilidad de su enfermedad eligió la libertad creativa del arte y también hay deportistas que corren maratones aún estando minusválidos, lo cual nos muestra que la libertad es una actitud que desafía las condiciones físicas. Hay personas que toman la actitud de ser libres. Ana Frank por ejemplo, que desde su casa escribió su diario y trascendió con la escritura. Aún en el campo de concentración estaba dada la chance de suicidarse. Porque esto no es perder la subjetividad ni el deseo.
Esto implica un gran esfuerzo psíquico para el que escucha, porque son cosas que no se pueden escuchar sin sentir un fuerte dolor. Vemos también que las personas que más sufren son aquellas que no tienen un grupo con el que identificarse porque su sufrimiento fue individual y no respondió a ninguna causa, fue particular, solitario y no forma parte de un acontecimiento público. Es dolor, sufrimiento no compartido. Cuando se ha sufrido una gran injusticia pero la liberación es grupal, es posible hablar con otros y encontrar la liberación en el grupo, como vemos en los grupos de ex combatientes, madres o abuelas de Plaza de Mayo, víctimas de accidentes o atentados terroristas, secuestros, etc. Son personas que necesitan reunirse y narrar lo que pasó a modo de elaborar la pérdida sufrida en conjunto. En principio, estas personas se reúnen para juntar fuerzas y elaborar aquellos que han sufrido, con un enemigo en común. Esto quiere decir que es necesario que el acontecimiento que tuvo lugar tenga que ver, no con un desastre natural, sino por hechos donde hay un responsable de lo sucedido, de quien es necesario defenderse. Una excepción puede ser cuando hay que unirse para juntar la ceniza, sacar la ceniza de los techos, grupos de tareas, etc. Otros se fueron del lugar.
La pregunta que se impone y es de difícil respuesta es, ¿por qué hay gente que opta por la libertad y otra que cede frente a la esclavitud? Quisiera al respecto hacer una consideración de Sartre, quien insiste en un sujeto condenado a ser libre. Sostiene Sartre que aún somos libres entre las paredes de una cárcel y que la enfermedad no nos exime de serlo, de no someternos, de luchar. Da el ejemplo de de que aún entre las paredes de una cárcel se puede elegir tener una actitud digna que permita dejar de ser un prisionero pasivo. Aún aprisionado objetivamente hay posibilidad de ser libre subjetivamente, como lo hacen aquellos que estando en prisión, estudian. Lo vemos con Frida Kahlo que en la inmovilidad de su enfermedad eligió la libertad creativa del arte y también hay deportistas que corren maratones aún estando minusválidos, lo cual nos muestra que la libertad es una actitud que desafía las condiciones físicas. Hay personas que toman la actitud de ser libres. Ana Frank por ejemplo, que desde su casa escribió su diario y trascendió con la escritura. Aún en el campo de concentración estaba dada la chance de suicidarse. Porque esto no es perder la subjetividad ni el deseo.
miércoles, 7 de marzo de 2012
Acerca del perdón - Entrevista a la Dra. Mirta Cohen
¿Qué implica perdonar, qué lo impulsa?
Perdonar implica dar sentido al sufrimiento y abrir una vía asociativa que transforma las palabras en relatos y los relatos en una novela que da lugar a otra vida. Podemos pensar que tenemos tantas vidas como nuevas posibilidades de perdón hayamos concedido. Perdonar es perdonarme, es aceptar la condición humana del otro. El perdón viene a suturar una herida abierta que exige previa reconciliación y para que exista tal reconciliación es necesario el diálogo, abrir una comunicación con el otro. Hegel, filósofo, gran pensador del perdón, decía que todo es perdonable salvo el crimen contra el espíritu es decir contra la capacidad reconciliadora del perdón.
¿Por qué es necesario realizar un duelo para poder perdonar?
Antes que nada quiero aclarar que cuando hablo de duelo o de pérdida me refiero tanto a una pérdida material, haber sufrido una estafa o un negocio que quiebra etc, como a la pérdida de una persona querida. La pérdida puede ser definitiva o transitoria pero no por ello deja de ser vivida como una pérdida que exige atravesar un duelo lo cual es una situación atípica, especial, diferente. En el duelo la gente se aliena se mantiene al margen de la vida por tanto lo que menos quiere es entrar en contacto con otros, comer, disfrutar y…vivir. ¿Por qué? Sencillo porque una parte del ser se va con el que falleció.
En este momento de dolor la persona está debilitada, alienada, no es la misma persona normal porque la muerte de un ser querido inmoviliza, nos deja como suspendidos de la vida pero también mueve nuestras pasiones más secretas.
Por ello todos los ritos del duelo responden a suspender la vida por un tiempo determinado para elaborar la angustia pero…todo tiene un límite y hay que encontrar la forma de ayudar al otro a salir de esa situación de “nada” de “resto”. ¿Cómo se sale de esa situación? Pidiendo ayuda a los otros. Me va a contestar “una persona que está triste se aleja y no quiere tomar contacto con los otros, no puede trabajar, no quiere pedir ayuda... De eso se trata, de obligarlo a pedir ayuda, a salir adelante, en definitiva, a seguir viviendo aunque sea por la memoria...
Para realizar un trabajo de duelo, hay que aceptar la pérdida real del objeto de amor. Se puede imaginar que alguien víctima de lo peor, en sí mismo o en su generación exija que se haga justicia, que los criminales comparezcan y que sean juzgados por un tribunal y sin embargo en su corazón perdone. Pero también puede ser que alguien aún después de un juicio no perdone jamás. Hay una zona secreta que permanece inaccesible al otro. Puede darse también que el que perdona crea que tiene un poder soberano sobre el otro y por ello lo hace.
¿Cuál es la clave para poder perdonar?
Pensar que se perdona a la persona que llevó a cabo la mala acción no a la acción per-se. Esto es muy importante porque tenemos que poder hacer el esfuerzo por diferenciar la acción de la persona. Yo le puedo decir al otro te perdono a condición que no seas el mismo pero si ya no es el mismo estoy perdonando a otra persona y eso es absurdo. La clave sería primero encontrar un modo de hablar con el otro de establecer un vínculo, crear un código pero saber que puede haber perdón y no reconciliación o sea lo perdono pero no quiero tener relaciones con esa persona.
¿Qué rol juega el resentimiento?
El resentimiento impide el acto de perdonar, porque aquél que está resentido intenta negar sus sentimientos pasionales infructuosamente, albergando mociones sádicas hacia el otro, que pueden devenir en remordimiento al ser vueltas sobre la propia persona.
El resentimiento impide el cese del recuerdo, imposibilitando la resignación del pasado y abrumando con reminiscencias.
Los recuerdos traumáticos no acceden a ser reprimidos, sino que se mantienen escindidos y por fuera de toda posible circulación psíquica.
El futuro del sujeto resentido estará basado en la posibilidad de castigar, a través de la repetición, al culpable de sus agravios, para saciar su sed de venganza y restituir su propia dignidad. Sin embargo, el dolor no cesará y el duelo no será superado, ya que el resentimiento paraliza todo proceso de duelo.
¿Y la compasión?
La compasión es un término que tiene que ver más con lo religioso que con lo psicológico. Uno puede sentir compasión hacia el otro y sin embargo, no perdonarlo.
¿Cuál es el rol que juega el perdón en los tratamientos psicológicos?
El paciente ve a su analista como un testigo de su historia, de la novela que le narra. Muchos pacientes recurren a la terapia buscando un perdón y una justificación a su acción más que a recapacitar sobre aquello que sucedió. Algunas personas recurren a la terapia como quien recurre a un confesor, para expiar el sentimiento de culpa por algo que hizo, pero en realidad el terapeuta si tiene experiencia en su trabajo, sabe que más que perdonar tiene que ayudar a su paciente a reconocer su error, si lo hubiere cometido, y hacerse cargo de sus actos. Si el tratamiento terapéutico es exitoso, el paciente tendrá al final de su terapia, una actitud de mayor compromiso y responsabilidad de sus actos.
Perdonar implica dar sentido al sufrimiento y abrir una vía asociativa que transforma las palabras en relatos y los relatos en una novela que da lugar a otra vida. Podemos pensar que tenemos tantas vidas como nuevas posibilidades de perdón hayamos concedido. Perdonar es perdonarme, es aceptar la condición humana del otro. El perdón viene a suturar una herida abierta que exige previa reconciliación y para que exista tal reconciliación es necesario el diálogo, abrir una comunicación con el otro. Hegel, filósofo, gran pensador del perdón, decía que todo es perdonable salvo el crimen contra el espíritu es decir contra la capacidad reconciliadora del perdón.
¿Por qué es necesario realizar un duelo para poder perdonar?
Antes que nada quiero aclarar que cuando hablo de duelo o de pérdida me refiero tanto a una pérdida material, haber sufrido una estafa o un negocio que quiebra etc, como a la pérdida de una persona querida. La pérdida puede ser definitiva o transitoria pero no por ello deja de ser vivida como una pérdida que exige atravesar un duelo lo cual es una situación atípica, especial, diferente. En el duelo la gente se aliena se mantiene al margen de la vida por tanto lo que menos quiere es entrar en contacto con otros, comer, disfrutar y…vivir. ¿Por qué? Sencillo porque una parte del ser se va con el que falleció.
En este momento de dolor la persona está debilitada, alienada, no es la misma persona normal porque la muerte de un ser querido inmoviliza, nos deja como suspendidos de la vida pero también mueve nuestras pasiones más secretas.
Por ello todos los ritos del duelo responden a suspender la vida por un tiempo determinado para elaborar la angustia pero…todo tiene un límite y hay que encontrar la forma de ayudar al otro a salir de esa situación de “nada” de “resto”. ¿Cómo se sale de esa situación? Pidiendo ayuda a los otros. Me va a contestar “una persona que está triste se aleja y no quiere tomar contacto con los otros, no puede trabajar, no quiere pedir ayuda... De eso se trata, de obligarlo a pedir ayuda, a salir adelante, en definitiva, a seguir viviendo aunque sea por la memoria...
Para realizar un trabajo de duelo, hay que aceptar la pérdida real del objeto de amor. Se puede imaginar que alguien víctima de lo peor, en sí mismo o en su generación exija que se haga justicia, que los criminales comparezcan y que sean juzgados por un tribunal y sin embargo en su corazón perdone. Pero también puede ser que alguien aún después de un juicio no perdone jamás. Hay una zona secreta que permanece inaccesible al otro. Puede darse también que el que perdona crea que tiene un poder soberano sobre el otro y por ello lo hace.
¿Cuál es la clave para poder perdonar?
Pensar que se perdona a la persona que llevó a cabo la mala acción no a la acción per-se. Esto es muy importante porque tenemos que poder hacer el esfuerzo por diferenciar la acción de la persona. Yo le puedo decir al otro te perdono a condición que no seas el mismo pero si ya no es el mismo estoy perdonando a otra persona y eso es absurdo. La clave sería primero encontrar un modo de hablar con el otro de establecer un vínculo, crear un código pero saber que puede haber perdón y no reconciliación o sea lo perdono pero no quiero tener relaciones con esa persona.
¿Qué rol juega el resentimiento?
El resentimiento impide el acto de perdonar, porque aquél que está resentido intenta negar sus sentimientos pasionales infructuosamente, albergando mociones sádicas hacia el otro, que pueden devenir en remordimiento al ser vueltas sobre la propia persona.
El resentimiento impide el cese del recuerdo, imposibilitando la resignación del pasado y abrumando con reminiscencias.
Los recuerdos traumáticos no acceden a ser reprimidos, sino que se mantienen escindidos y por fuera de toda posible circulación psíquica.
El futuro del sujeto resentido estará basado en la posibilidad de castigar, a través de la repetición, al culpable de sus agravios, para saciar su sed de venganza y restituir su propia dignidad. Sin embargo, el dolor no cesará y el duelo no será superado, ya que el resentimiento paraliza todo proceso de duelo.
¿Y la compasión?
La compasión es un término que tiene que ver más con lo religioso que con lo psicológico. Uno puede sentir compasión hacia el otro y sin embargo, no perdonarlo.
¿Cuál es el rol que juega el perdón en los tratamientos psicológicos?
El paciente ve a su analista como un testigo de su historia, de la novela que le narra. Muchos pacientes recurren a la terapia buscando un perdón y una justificación a su acción más que a recapacitar sobre aquello que sucedió. Algunas personas recurren a la terapia como quien recurre a un confesor, para expiar el sentimiento de culpa por algo que hizo, pero en realidad el terapeuta si tiene experiencia en su trabajo, sabe que más que perdonar tiene que ayudar a su paciente a reconocer su error, si lo hubiere cometido, y hacerse cargo de sus actos. Si el tratamiento terapéutico es exitoso, el paciente tendrá al final de su terapia, una actitud de mayor compromiso y responsabilidad de sus actos.
jueves, 17 de marzo de 2011
Entrevista al Dr. Sigmund Freud
"El valor de la vida"
1926
Esta entrevista fue concedida al periodista George Sylvester Viereck en 1926 en la casa de Sigmund Freud en los alpes suizos.
Se creía perdida pero en realidad se encontró que había sido publicada en el volumen de "Psychoanalysis and the Fut", en New York en 1957.
Fue traducida del ingles al portugués por Paulo César Souza y al castellano por Miguel Angel Arce
S. Freud: Setenta años me enseñaron a aceptar la vida con serena humildad.
Quien habla es el profesor Sigmund Freud, el gran explorador del alma. El escenario de nuestra conversación fue en su casa de verano en Semmering, una montaña de los alpes austríacos. Yo había visto el país del psicoanalisis por última vez en su modesta casa de la capital austríaca. Los pocos años transcurridos entre mi última visita y la actual, multiplicaron las arrugas de su frente. Intensificaron la palidez de sabio. Su rostro estaba tenso, como si sintiese dolor. Su mente estaba alerta, su espíritu firme, su cortesía impecable como siempre, pero un ligero impedimento en su habla me perturbó. Parece que un tumor maligno en el maxilar superior tuvo que ser operado. Desde entonces Freud usa una prótesis, lo cual es una constante irritación para él.
S. Freud: Detesto mi maxilar mecánico, porque la lucha con este aparato me consume mucha energía preciosa. Pero prefiero esto a no tener ningún maxilar. Aún así prefiero la existencia a la extinción. Tal vez los dioses sean gentiles con nosotros, tornandonos la vida más desagradable a medida que envejecemos. Por fin, la muerte nos parece menos intolerable que los fardos que cargamos.
(Freud se rehúsa a admitir que el destino le reserva algo especial).
S. Freud: ¿Por qué (dice calmamente) debería yo esperar un tratamiento especial? La vejez, con sus arrugas, llega para todos. Yo no me revelo contra el orden universal. Finalmente, después de setenta años, tuve lo bastante para comer. Aprecié muchas cosas -en compañía de mi mujer, mis hijos- el calor del sol. Observé las plantas que crecen en primavera. De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?
George Sylvester Viereck: El señor tiene una fama. Su obra prima influye en la literatura de cada país. Los hombres miran la vida y a sí mismos con otros ojos, por causa de este señor. Recientemente, en el septuagésimo aniversario, el mundo se unió para homenajearlo, con excepción de su propia universidad.
S. Freud: Si la Universidad de Viena me demostrase reconocimiento, me sentiría incómodo. No hay razón en aceptarme a mi o a mi obra porque tengo setenta años. Yo no atribuyo importancia insensata a los decimales. La fama llega cuando morimos y, francamente, lo que ven después no me interesa. No aspiro a la gloria póstuma. Mi virtud no es la modestia.
George Sylvester Viereck: ¿No significa nada el hecho de que su nombre va a perdurar?
S. Freud: Absolutamente nada, es lo mismo que perdure o que nada sea cierto. Estoy más bien preocupado por el destino de mis hijos. Espero que sus vidas no sean difíciles. No puedo ayudarlos mucho. La guerra practicamente liquidó mis poseciones, lo que había adquirido durante mi vida. Pero me puedo dar por satisfecho. El trabajo es mi fortuna.
(Estabamos subiendo y descendiendo una pequeña elevación de tierra en el jardín de su casa. Freud acarició tiernamente un arbusto que florecía)
S. Freud: Estoy mucho más interesado en este capullo de lo que me pueda acontecer despues de estar muerto.
George Sylvester Viereck: ¿Entonces, el señor es, al final, un profundo pesimista?
S. Freud: No, no lo soy. No permito que ninguna reflexión filosófica complique mi fluidez con las cosas simples de la vida.
George Sylvester Viereck: ¿Usted cree en la persistencia de la personalidad después de la muerte, de la forma que sea?
S. Freud: No pienso en eso. Todo lo que vive perece. ¿Por qué deberia el hombre constituir una excepción?
George Sylvester Viereck: ¿Le gustaría retornar en alguna forma, ser rescatado del polvo? ¿Usted no tiene, en otras palabras, deseo de inmortalidad?
S. Freud: Sinceramente no. Si la gente reconoce los motivos egoístas detrás de la conducta humana, no tengo el más mínimo deseo de retornar a la vida; moviendose en un círculo, sería siempre la misma. Más allá de eso, si el eterno retorno de las cosas, para usar la expresión de Nietzsche, nos dotase nuevamente de nuestra carnalidad y lo que involucra, ¿para qué serviría sin memoria? No habría vínculo entre entre el pasado y el futuro. Por lo que me toca, estoy perfectamente satisfecho en saber que el eterno aborrecimiento de vivir finalmente pasará. Nuestra vida es necesariamente una serie de compromisos, una lucha interminable entre el ego y su ambiente. El deseo de prolongar la vida excesivamente me parece absurdo.
George Sylvester Viereck: Bernard Shaw sustenta que vivimos muy poco. El encuentra que el hombre puede prolongar la vida si asi lo desea, llevando su voluntad a actuar sobre las fuerzas de la evolución. El cree que la humanidad puede recuperar la longevidad de los patriarcas.
S. Freud: Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir. Asi como el amor o el odio por una persona viven en nuestro pecho al mismo tiempo, asi también toda la vida conjuga el deseo de la propia destrucción. Del mismo modo como un pequeño elástico tiende a asumir la forma original, así también toda materia viva, conciente o inconcientemente, busca readquirir la completa, la absoluta inercia de la existencia inorgánica. El impulso de vida o el impulso de muerte habitan lado a lado dentro nuestro. La muerte es la compañera del Amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro: "Más allá del principio del placer" En el comienzo del psicoanalisis se suponía que el Amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que la Muerte es igualmente importante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la "fiebre llamada vivir". El deseo puede ser encubierto por digresiones, no obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción.
George Sylvester Viereck: Esto es la filosofía de la autodestrucción. Ella justifica el auto-exterminio. Llevaría logicamente al suicidio universal imaginado por Eduard Von Hartmann.
S. Freud: La humanidad no escoge el suicidio porque la ley de su ser desaprueba la via directa para su fin. La vida tiene que completar su ciclo de existencia. En todo ser normal, la pulsión de vida es fuerte, lo bastante para contrabalancear la pulsión de muerte, pero en el final, ésta resulta más fuerte. Podemos entretenernos con la fantasía de que la muerte nos llega por nuestra propia voluntad. Sería más posible que no pudiéramos vencer a la muerte porque en realidad ella es un aliado dentro de nosotros. En este sentido (añadió Freud con una sonrisa) puede ser justificado decir que toda muerte es un suicidio disfrazado.
(Estaba haciendo frio en el jardín. Continuamos la conversación en el gabinete. Vi una pila de manuscritos sobre la mesa, con la caligrafia clara de Freud).
George Sylvester Viereck: ¿En qué está trabajando el señor Freud?
S. Freud: Estoy escribiendo una defensa del análisis lego, del psicoanálisis practicado por los legos. Los doctores quieren establecer al análisis ilegal para los no-médicos. La historia, esa vieja plagiadora, se repite después de cada descubrimiento. Los doctores combaten cada nueva verdad en el comienzo. Después procuran monopolizarla.
George Sylvester Viereck: ¿Usted tuvo mucho apoyo de los legos?
S. Freud: Algunos de mis mejores discípulos son legos.
George Sylvester Viereck: ¿El Señor Freud está practicando mucho psicoanálisis?
S. Freud: Ciertamente. En este momento estoy trabajando en un caso muy difícil, intentando desatar conflictos psíquicos de un interesante paciente nuevo. Mi hija también es psicoanalista como usted puede ver....
(En ese momento apareció Miss Anna Freud, acompañada por su paciente, un muchacho de once años de facciones inconfundiblemente anglosajonas)
George Sylvester Viereck: ¿Usted ya se analizó a sí mismo?
S. Freud: Ciertamente. El psicoanalista debe constantemente analizarse a sí mismo. Analizándonos a nosotros mismos, estamos más capacitados para analizar a otros. El psicoanalista es como un chivo expiatorio de los hebreos, los otros descargan sus pecados sobre él. El debe practicar su arte a la perfección para liberarse de los fardos cargados sobre él.
George Sylvester Viereck: Mi impresión es de que el psicoanálisis despierta en todos los que lo practican el espíritu de la caridad cristiana. Nada existe en la vida humana que el psicoanálisis no nos pueda hacer comprender. "Tout comprendre c'est tou pardonner".
S. Freud: Por el contrario (acusó Freud sus facciones asumiento la severidad de un profeta hebreo), comprender todo no es perdonar todo. El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar. El análisis nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es de manera alguna corolario del conocimiento.
(Comprendí súbitamente por qué Freud había litigado con sus seguidores que lo habían abandonado, porque él no perdona disentir del recto camino de la ortodoxia psicoanalítica. Su sentido de lo que es recto es herencia de sus ancestros. Una herencia de la que él se enorgullece como se enorgullece de su raza).
S. Freud: Mi lengua es el alemán. Mi cultura, mi realización es alemana. Yo me considero un intelectual alemán, hasta que percibí el crecimiento del preconcepto anti-semita en Alemania y en Austria. Desde entonces prefiero considerarme judío.
(Quedé algo desconcertado con esta observación. Me parecía que el espíritu de Freud debería vivir en las alturas más allá de cualquier preconcepto de razas, que él debería ser inmune a cualquier rencor personal. Entanto no precisamente a su indignación, a su honesta ira, se volvía más atrayente como ser humano. ¡Aquiles sería intolerable si no fuese por su talón!)
George Sylvester Viereck: Me pone contento, Herr Profesor, de que también el señor tenga sus complejos, de que también el señor Freud demuestre que es un mortal!
S. Freud: Nuestros complejos son la fuente de nuestra debilidad; pero con frecuencia, son también la fuente de nuestra fuerza.
George Sylvester Viereck: Imagino, observo, ¡cuáles serían mis complejos!
S. Freud: Un análisis serio dura más o menos un año. Puede durar igualmente dos o tres años. Usted está dedicando muchos años de su vida la "caza de los leones". Usted procuró siempre a las personas destacadas de su generación: Roosevelt, El Emperador, Hindenburgh, Briand, Foch, Joffre, Georg Bernard Shaw....
George Sylvester Viereck: Es parte de mi trabajo.
S. Freud: Pero también es su preferencia. El gran hombre es un símbolo. Su búsqueda es la búsqueda de su corazón. Usted también está procurando al gran hombre para tomar el lugar de su padre. Es parte del complejo del padre.
(Negué vehementemente la afirmación de Freud. Mientras tanto, reflexionando sobre eso, me parece que puede haber una verdad, no sospechada por mi, en su sugestión casual. Puede ser lo mismo que el impulso que me llevó a él)
George Sylvester Viereck: Me gustaría, observé después de un momento, poder quedarme aquí lo bastante para vislumbrar mi corazón a través de sus ojos. ¡Tal vez, como la Medusa, yo muriese de pavor al ver mi propia imagen! Aún cuando no confío en estar muy informado sobre psicoanálisis, frecuentemente anticiparía o tentaría anticipar sus intenciones.
S. Freud: La inteligencia en un paciente no es un impedimento. Por el contrario, muchas veces facilita el trabajo.
(En este punto el maestro del psicoanálisis difiere bastante de sus seguidores, que no gustan mucho de la seguridad del paciente que tienen bajo su supervisión)
George Sylvester Viereck: A veces imagino si no seríamos más felices si supiésemos menos de los procesos que dan forma a nuestros pensamientos y emociones. El psicoanálisis le roba a la vida su último encanto, al relacionar cada sentimiento a su original grupo de complejos. No nos volvemos más alegres descubriendo que todos abrigamos al criminal o al animal.
S. Freud: ¿Qué objeción puede haber contra los animales? Yo prefiero la compañía de los animales a la compañía humana.
George Sylvester Viereck: ¿Por qué?
S. Freud: Porque son más simples. No sufren de una personalidad dividida, de la desintegración del ego, que resulta de la tentativa del hombre de adaptarse a los patrones de civilización demasiado elevados para su mecanismo intelectual y psíquico. El salvaje, como el animal es cruel, pero no tiene la maldad del hombre civilizado. La maldad es la venganza del hombre contra la sociedad, por las restricciones que ella impone. Las más desagradables características del hombre son generadas por ese ajuste precario a una civilización complicada. Es el resultado del conflicto entre nuestros instintos y nuestra cultura. Mucho más desagradables que las emociones simples y directas de un perro, al mover su cola, o al ladrar expresando su displacer. Las emociones del perro (añadió Freud pensativamente), nos recuerdan a los héroes de la antigüedad. Tal vez sea esa la razón por la que inconcientemente damos a nuestros perros nombres de héroes como Aquiles o Héctor.
George Sylvester Viereck: Mi cachorro es un doberman Pinscher llamado Ájax.
S. Freud: (sonriendo) Me contenta saber que no pueda leer. ¡El sería ciertamente, el miembro menos querido de la casa, si pudiese ladrar sus opiniones sobre los traumas psíquicos y el complejo de Edipo!
George Sylvester Viereck: Aún usted, profesor, sueña la existencia compleja por demás. Entanto me parece que el señor sea en parte responsable por las complejidades de la civilización moderna. Antes que usted inventase el psicoanálisis, no sabíamos que nuestra personalidad es dominada por una hueste beligerante de complejos cuestionables. El psicoanálisis vuelve a la vida como un rompecabezas complicado.
S. Freud: De ninguna manera. El psicoanálisis vuelve a la vida más simple. Adquirimos una nueva síntesis despues del análisis. El psicoanálisis reordena el enmarañado de impulsos dispersos, procura enrrollarlos en torno a su carretel. O, modificando la metáfora, el psicoanálisis suministra el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su propio inconciente.
George Sylvester Viereck: Al menos en la superficie, pues la vida humana nunca fue mas compleja. Cada día una nueva idea propuesta por usted o por sus discípulos, vuelven un problema de la conducta humana más intrigante y más contradictorio.
S. Freud: El psicoanálisis por lo menos, jamás cierra la puerta a una nueva verdad.
George Sylvester Viereck: Algunos de sus discípulos, más ortodoxos que usted, se apegan a cada pronunciamiento que sale de su boca.
S. Freud: La vida cambia. El psicoanálisis también cambia. Estamos apenas en el comienzo de una nueva ciencia.
George Sylvester Viereck: La estructura científica que usted levanta me parece ser mucho más elaborada. Sus fundamentos -la teoría del "desplazamiento", de la "sexualidad infantil", de los "simbolismos de los sueños", etc- parecen permanentes.
S. Freud: Yo repito, pues, que estamos apenas en el inicio. Yo apenas soy un iniciador. Conseguí desenterrar monumentos enterrados en los sustratos de la mente. Pero allí donde yo descubrí algunos templos, otros podrán descubrir continentes.
"El valor de la vida"
1926
Esta entrevista fue concedida al periodista George Sylvester Viereck en 1926 en la casa de Sigmund Freud en los alpes suizos.
Se creía perdida pero en realidad se encontró que había sido publicada en el volumen de "Psychoanalysis and the Fut", en New York en 1957.
Fue traducida del ingles al portugués por Paulo César Souza y al castellano por Miguel Angel Arce
S. Freud: Setenta años me enseñaron a aceptar la vida con serena humildad.
Quien habla es el profesor Sigmund Freud, el gran explorador del alma. El escenario de nuestra conversación fue en su casa de verano en Semmering, una montaña de los alpes austríacos. Yo había visto el país del psicoanalisis por última vez en su modesta casa de la capital austríaca. Los pocos años transcurridos entre mi última visita y la actual, multiplicaron las arrugas de su frente. Intensificaron la palidez de sabio. Su rostro estaba tenso, como si sintiese dolor. Su mente estaba alerta, su espíritu firme, su cortesía impecable como siempre, pero un ligero impedimento en su habla me perturbó. Parece que un tumor maligno en el maxilar superior tuvo que ser operado. Desde entonces Freud usa una prótesis, lo cual es una constante irritación para él.
S. Freud: Detesto mi maxilar mecánico, porque la lucha con este aparato me consume mucha energía preciosa. Pero prefiero esto a no tener ningún maxilar. Aún así prefiero la existencia a la extinción. Tal vez los dioses sean gentiles con nosotros, tornandonos la vida más desagradable a medida que envejecemos. Por fin, la muerte nos parece menos intolerable que los fardos que cargamos.
(Freud se rehúsa a admitir que el destino le reserva algo especial).
S. Freud: ¿Por qué (dice calmamente) debería yo esperar un tratamiento especial? La vejez, con sus arrugas, llega para todos. Yo no me revelo contra el orden universal. Finalmente, después de setenta años, tuve lo bastante para comer. Aprecié muchas cosas -en compañía de mi mujer, mis hijos- el calor del sol. Observé las plantas que crecen en primavera. De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?
George Sylvester Viereck: El señor tiene una fama. Su obra prima influye en la literatura de cada país. Los hombres miran la vida y a sí mismos con otros ojos, por causa de este señor. Recientemente, en el septuagésimo aniversario, el mundo se unió para homenajearlo, con excepción de su propia universidad.
S. Freud: Si la Universidad de Viena me demostrase reconocimiento, me sentiría incómodo. No hay razón en aceptarme a mi o a mi obra porque tengo setenta años. Yo no atribuyo importancia insensata a los decimales. La fama llega cuando morimos y, francamente, lo que ven después no me interesa. No aspiro a la gloria póstuma. Mi virtud no es la modestia.
George Sylvester Viereck: ¿No significa nada el hecho de que su nombre va a perdurar?
S. Freud: Absolutamente nada, es lo mismo que perdure o que nada sea cierto. Estoy más bien preocupado por el destino de mis hijos. Espero que sus vidas no sean difíciles. No puedo ayudarlos mucho. La guerra practicamente liquidó mis poseciones, lo que había adquirido durante mi vida. Pero me puedo dar por satisfecho. El trabajo es mi fortuna.
(Estabamos subiendo y descendiendo una pequeña elevación de tierra en el jardín de su casa. Freud acarició tiernamente un arbusto que florecía)
S. Freud: Estoy mucho más interesado en este capullo de lo que me pueda acontecer despues de estar muerto.
George Sylvester Viereck: ¿Entonces, el señor es, al final, un profundo pesimista?
S. Freud: No, no lo soy. No permito que ninguna reflexión filosófica complique mi fluidez con las cosas simples de la vida.
George Sylvester Viereck: ¿Usted cree en la persistencia de la personalidad después de la muerte, de la forma que sea?
S. Freud: No pienso en eso. Todo lo que vive perece. ¿Por qué deberia el hombre constituir una excepción?
George Sylvester Viereck: ¿Le gustaría retornar en alguna forma, ser rescatado del polvo? ¿Usted no tiene, en otras palabras, deseo de inmortalidad?
S. Freud: Sinceramente no. Si la gente reconoce los motivos egoístas detrás de la conducta humana, no tengo el más mínimo deseo de retornar a la vida; moviendose en un círculo, sería siempre la misma. Más allá de eso, si el eterno retorno de las cosas, para usar la expresión de Nietzsche, nos dotase nuevamente de nuestra carnalidad y lo que involucra, ¿para qué serviría sin memoria? No habría vínculo entre entre el pasado y el futuro. Por lo que me toca, estoy perfectamente satisfecho en saber que el eterno aborrecimiento de vivir finalmente pasará. Nuestra vida es necesariamente una serie de compromisos, una lucha interminable entre el ego y su ambiente. El deseo de prolongar la vida excesivamente me parece absurdo.
George Sylvester Viereck: Bernard Shaw sustenta que vivimos muy poco. El encuentra que el hombre puede prolongar la vida si asi lo desea, llevando su voluntad a actuar sobre las fuerzas de la evolución. El cree que la humanidad puede recuperar la longevidad de los patriarcas.
S. Freud: Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir. Asi como el amor o el odio por una persona viven en nuestro pecho al mismo tiempo, asi también toda la vida conjuga el deseo de la propia destrucción. Del mismo modo como un pequeño elástico tiende a asumir la forma original, así también toda materia viva, conciente o inconcientemente, busca readquirir la completa, la absoluta inercia de la existencia inorgánica. El impulso de vida o el impulso de muerte habitan lado a lado dentro nuestro. La muerte es la compañera del Amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro: "Más allá del principio del placer" En el comienzo del psicoanalisis se suponía que el Amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que la Muerte es igualmente importante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la "fiebre llamada vivir". El deseo puede ser encubierto por digresiones, no obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción.
George Sylvester Viereck: Esto es la filosofía de la autodestrucción. Ella justifica el auto-exterminio. Llevaría logicamente al suicidio universal imaginado por Eduard Von Hartmann.
S. Freud: La humanidad no escoge el suicidio porque la ley de su ser desaprueba la via directa para su fin. La vida tiene que completar su ciclo de existencia. En todo ser normal, la pulsión de vida es fuerte, lo bastante para contrabalancear la pulsión de muerte, pero en el final, ésta resulta más fuerte. Podemos entretenernos con la fantasía de que la muerte nos llega por nuestra propia voluntad. Sería más posible que no pudiéramos vencer a la muerte porque en realidad ella es un aliado dentro de nosotros. En este sentido (añadió Freud con una sonrisa) puede ser justificado decir que toda muerte es un suicidio disfrazado.
(Estaba haciendo frio en el jardín. Continuamos la conversación en el gabinete. Vi una pila de manuscritos sobre la mesa, con la caligrafia clara de Freud).
George Sylvester Viereck: ¿En qué está trabajando el señor Freud?
S. Freud: Estoy escribiendo una defensa del análisis lego, del psicoanálisis practicado por los legos. Los doctores quieren establecer al análisis ilegal para los no-médicos. La historia, esa vieja plagiadora, se repite después de cada descubrimiento. Los doctores combaten cada nueva verdad en el comienzo. Después procuran monopolizarla.
George Sylvester Viereck: ¿Usted tuvo mucho apoyo de los legos?
S. Freud: Algunos de mis mejores discípulos son legos.
George Sylvester Viereck: ¿El Señor Freud está practicando mucho psicoanálisis?
S. Freud: Ciertamente. En este momento estoy trabajando en un caso muy difícil, intentando desatar conflictos psíquicos de un interesante paciente nuevo. Mi hija también es psicoanalista como usted puede ver....
(En ese momento apareció Miss Anna Freud, acompañada por su paciente, un muchacho de once años de facciones inconfundiblemente anglosajonas)
George Sylvester Viereck: ¿Usted ya se analizó a sí mismo?
S. Freud: Ciertamente. El psicoanalista debe constantemente analizarse a sí mismo. Analizándonos a nosotros mismos, estamos más capacitados para analizar a otros. El psicoanalista es como un chivo expiatorio de los hebreos, los otros descargan sus pecados sobre él. El debe practicar su arte a la perfección para liberarse de los fardos cargados sobre él.
George Sylvester Viereck: Mi impresión es de que el psicoanálisis despierta en todos los que lo practican el espíritu de la caridad cristiana. Nada existe en la vida humana que el psicoanálisis no nos pueda hacer comprender. "Tout comprendre c'est tou pardonner".
S. Freud: Por el contrario (acusó Freud sus facciones asumiento la severidad de un profeta hebreo), comprender todo no es perdonar todo. El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar. El análisis nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es de manera alguna corolario del conocimiento.
(Comprendí súbitamente por qué Freud había litigado con sus seguidores que lo habían abandonado, porque él no perdona disentir del recto camino de la ortodoxia psicoanalítica. Su sentido de lo que es recto es herencia de sus ancestros. Una herencia de la que él se enorgullece como se enorgullece de su raza).
S. Freud: Mi lengua es el alemán. Mi cultura, mi realización es alemana. Yo me considero un intelectual alemán, hasta que percibí el crecimiento del preconcepto anti-semita en Alemania y en Austria. Desde entonces prefiero considerarme judío.
(Quedé algo desconcertado con esta observación. Me parecía que el espíritu de Freud debería vivir en las alturas más allá de cualquier preconcepto de razas, que él debería ser inmune a cualquier rencor personal. Entanto no precisamente a su indignación, a su honesta ira, se volvía más atrayente como ser humano. ¡Aquiles sería intolerable si no fuese por su talón!)
George Sylvester Viereck: Me pone contento, Herr Profesor, de que también el señor tenga sus complejos, de que también el señor Freud demuestre que es un mortal!
S. Freud: Nuestros complejos son la fuente de nuestra debilidad; pero con frecuencia, son también la fuente de nuestra fuerza.
George Sylvester Viereck: Imagino, observo, ¡cuáles serían mis complejos!
S. Freud: Un análisis serio dura más o menos un año. Puede durar igualmente dos o tres años. Usted está dedicando muchos años de su vida la "caza de los leones". Usted procuró siempre a las personas destacadas de su generación: Roosevelt, El Emperador, Hindenburgh, Briand, Foch, Joffre, Georg Bernard Shaw....
George Sylvester Viereck: Es parte de mi trabajo.
S. Freud: Pero también es su preferencia. El gran hombre es un símbolo. Su búsqueda es la búsqueda de su corazón. Usted también está procurando al gran hombre para tomar el lugar de su padre. Es parte del complejo del padre.
(Negué vehementemente la afirmación de Freud. Mientras tanto, reflexionando sobre eso, me parece que puede haber una verdad, no sospechada por mi, en su sugestión casual. Puede ser lo mismo que el impulso que me llevó a él)
George Sylvester Viereck: Me gustaría, observé después de un momento, poder quedarme aquí lo bastante para vislumbrar mi corazón a través de sus ojos. ¡Tal vez, como la Medusa, yo muriese de pavor al ver mi propia imagen! Aún cuando no confío en estar muy informado sobre psicoanálisis, frecuentemente anticiparía o tentaría anticipar sus intenciones.
S. Freud: La inteligencia en un paciente no es un impedimento. Por el contrario, muchas veces facilita el trabajo.
(En este punto el maestro del psicoanálisis difiere bastante de sus seguidores, que no gustan mucho de la seguridad del paciente que tienen bajo su supervisión)
George Sylvester Viereck: A veces imagino si no seríamos más felices si supiésemos menos de los procesos que dan forma a nuestros pensamientos y emociones. El psicoanálisis le roba a la vida su último encanto, al relacionar cada sentimiento a su original grupo de complejos. No nos volvemos más alegres descubriendo que todos abrigamos al criminal o al animal.
S. Freud: ¿Qué objeción puede haber contra los animales? Yo prefiero la compañía de los animales a la compañía humana.
George Sylvester Viereck: ¿Por qué?
S. Freud: Porque son más simples. No sufren de una personalidad dividida, de la desintegración del ego, que resulta de la tentativa del hombre de adaptarse a los patrones de civilización demasiado elevados para su mecanismo intelectual y psíquico. El salvaje, como el animal es cruel, pero no tiene la maldad del hombre civilizado. La maldad es la venganza del hombre contra la sociedad, por las restricciones que ella impone. Las más desagradables características del hombre son generadas por ese ajuste precario a una civilización complicada. Es el resultado del conflicto entre nuestros instintos y nuestra cultura. Mucho más desagradables que las emociones simples y directas de un perro, al mover su cola, o al ladrar expresando su displacer. Las emociones del perro (añadió Freud pensativamente), nos recuerdan a los héroes de la antigüedad. Tal vez sea esa la razón por la que inconcientemente damos a nuestros perros nombres de héroes como Aquiles o Héctor.
George Sylvester Viereck: Mi cachorro es un doberman Pinscher llamado Ájax.
S. Freud: (sonriendo) Me contenta saber que no pueda leer. ¡El sería ciertamente, el miembro menos querido de la casa, si pudiese ladrar sus opiniones sobre los traumas psíquicos y el complejo de Edipo!
George Sylvester Viereck: Aún usted, profesor, sueña la existencia compleja por demás. Entanto me parece que el señor sea en parte responsable por las complejidades de la civilización moderna. Antes que usted inventase el psicoanálisis, no sabíamos que nuestra personalidad es dominada por una hueste beligerante de complejos cuestionables. El psicoanálisis vuelve a la vida como un rompecabezas complicado.
S. Freud: De ninguna manera. El psicoanálisis vuelve a la vida más simple. Adquirimos una nueva síntesis despues del análisis. El psicoanálisis reordena el enmarañado de impulsos dispersos, procura enrrollarlos en torno a su carretel. O, modificando la metáfora, el psicoanálisis suministra el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su propio inconciente.
George Sylvester Viereck: Al menos en la superficie, pues la vida humana nunca fue mas compleja. Cada día una nueva idea propuesta por usted o por sus discípulos, vuelven un problema de la conducta humana más intrigante y más contradictorio.
S. Freud: El psicoanálisis por lo menos, jamás cierra la puerta a una nueva verdad.
George Sylvester Viereck: Algunos de sus discípulos, más ortodoxos que usted, se apegan a cada pronunciamiento que sale de su boca.
S. Freud: La vida cambia. El psicoanálisis también cambia. Estamos apenas en el comienzo de una nueva ciencia.
George Sylvester Viereck: La estructura científica que usted levanta me parece ser mucho más elaborada. Sus fundamentos -la teoría del "desplazamiento", de la "sexualidad infantil", de los "simbolismos de los sueños", etc- parecen permanentes.
S. Freud: Yo repito, pues, que estamos apenas en el inicio. Yo apenas soy un iniciador. Conseguí desenterrar monumentos enterrados en los sustratos de la mente. Pero allí donde yo descubrí algunos templos, otros podrán descubrir continentes.
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