Tal como lo escribió Cervantes en sus trabajos en cautiverio, el drama viene como producto de algo inviable. El sobreviviente necesita contar sus historias para sobrevivir y recuperar su libertad. Hasta que la persona no habla, formula y cuenta lo que pasó, no elabora y sin este trabajo no puede continuar porque la subjetividad se va armando cuando cuenta lo que siente o cuando escribe. Muchas personas que han vivido situaciones de gran dolor psíquico y no pueden hablar, encuentran en la escritura un modo de expresión que los hace sentir acompañados hasta que hallan un contexto favorable para hablar. La víctima, sufre un tabú a hablar, que es como un miedo irracional a convocar el mal. Son personas que padecen el silencio y perpetúan el sometimiento psíquico porque siguen ligados a ser para otro. Estas personas no hablan o se cuidan mucho de hacerlo con cualquiera, porque temen que el otro no pueda soportarlo. A veces piensan, erradamente, que hablar de lo que vivieron con personas que no han tenido esa experiencia, hace que no signifique nada para el otro. Es como decir, “veo tu herida y sé que sufrís pero por más que me esfuerce, no puedo sentir tu dolor”. Contar lo que pasó y lo que sintieron les produce tanta repulsión como reencontrarse con sus torturadores en la calle, porque vuelven a despertar sentimientos y se convocan fantasmas del pasado que se llevan “prolijamente” guardados en la mochila. Sin embargo, curiosamente, sólo hablando el relato descarga su valor tanático-incisivo y libera en parte al sujeto del trauma vivido. La gente que pasó por situaciones traumáticas extremas, como privación de la libertad, tortura, guerra o un prolongado aislamiento, interactúa, cuando lo hace, solamente con otra gente que pasó por lo mismo, que comparte un código común, que paso por la misma experiencia.
Esto implica un gran esfuerzo psíquico para el que escucha, porque son cosas que no se pueden escuchar sin sentir un fuerte dolor. Vemos también que las personas que más sufren son aquellas que no tienen un grupo con el que identificarse porque su sufrimiento fue individual y no respondió a ninguna causa, fue particular, solitario y no forma parte de un acontecimiento público. Es dolor, sufrimiento no compartido. Cuando se ha sufrido una gran injusticia pero la liberación es grupal, es posible hablar con otros y encontrar la liberación en el grupo, como vemos en los grupos de ex combatientes, madres o abuelas de Plaza de Mayo, víctimas de accidentes o atentados terroristas, secuestros, etc. Son personas que necesitan reunirse y narrar lo que pasó a modo de elaborar la pérdida sufrida en conjunto. En principio, estas personas se reúnen para juntar fuerzas y elaborar aquellos que han sufrido, con un enemigo en común. Esto quiere decir que es necesario que el acontecimiento que tuvo lugar tenga que ver, no con un desastre natural, sino por hechos donde hay un responsable de lo sucedido, de quien es necesario defenderse. Una excepción puede ser cuando hay que unirse para juntar la ceniza, sacar la ceniza de los techos, grupos de tareas, etc. Otros se fueron del lugar.
La pregunta que se impone y es de difícil respuesta es, ¿por qué hay gente que opta por la libertad y otra que cede frente a la esclavitud? Quisiera al respecto hacer una consideración de Sartre, quien insiste en un sujeto condenado a ser libre. Sostiene Sartre que aún somos libres entre las paredes de una cárcel y que la enfermedad no nos exime de serlo, de no someternos, de luchar. Da el ejemplo de de que aún entre las paredes de una cárcel se puede elegir tener una actitud digna que permita dejar de ser un prisionero pasivo. Aún aprisionado objetivamente hay posibilidad de ser libre subjetivamente, como lo hacen aquellos que estando en prisión, estudian. Lo vemos con Frida Kahlo que en la inmovilidad de su enfermedad eligió la libertad creativa del arte y también hay deportistas que corren maratones aún estando minusválidos, lo cual nos muestra que la libertad es una actitud que desafía las condiciones físicas. Hay personas que toman la actitud de ser libres. Ana Frank por ejemplo, que desde su casa escribió su diario y trascendió con la escritura. Aún en el campo de concentración estaba dada la chance de suicidarse. Porque esto no es perder la subjetividad ni el deseo.

1 comentario:
Coincido plenamente, la libertad es una actitud interna que sostiene a uno(hasta en la soledad) y me parece que se llega a sentirla con la madurez, es como que de repente lo sorprende a uno, digo, en mi caso me dije un dia...pero entonces se trataba de que fui libre en resolver cosas dificiles!y fue un lindo descubrimiento.
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