jueves, 18 de diciembre de 2008

Adolescencia por David Levisky

Adolescencia hoy
Un aporte del colega brasileroDavid Láo Levisky

Abro la puerta y me encuentro con un príncipe: estatura mediana, cuerpo musculoso sin exagerar y cabellos agarrados en la nuca, formando una “colita”. Caminar altivo, soberbio, pleno de dignidad y autoconfianza, lo que me hace acordar a la ceremonia de coronación de Eduardo VI, relatada por Mark Twain en “El Príncipe y el Mendigo”. Piel alba, rostro ambiguo: masculino-femenino, ojos pequeños y achinados, tipo indígena. Esboza una discreta sonrisa contrapuesta por esporádicas y cortas contracciones faciales, las que revelan el estado de tensión. Muy bien afeitado y demostrando vanidad en el trato con el propio cuerpo. Ademanes lentos y gráciles; remera sin cuello, bermuda y ojotas de playa.
Me da la mano con un gesto pulido, poco frecuente entre los jóvenes. Se lo devuelvo y el príncipe se sienta en su sillón habitual. Se cruza de piernas. Se pone en la posición de “El Pensador” de Rodin y silencioso, espera... . La escena me impresiona. Después de un rato me doy cuenta de que estoy inquieto y sorprendido debido al aspecto majestuoso, inusitado, de encuentro pleno de serenidad, altivez y aparente seguridad que él transmite. De todo eso, ¿qué es espontáneo y qué es estereotipado? ¿Quién es así? ¿Él o yo? No lo sé.
Rompo el silencio mencionando que podríamos continuar conversando sobre las ideas manifestadas en la sesión anterior, la que se caracterizó por pensamientos originales sobre el uso indiscriminado de drogas y también, sobre su visión filosófica del mundo. Otra vez, el silencio. Luego, don Circunspecto y don Reflexivo se ponen a conversar defendiendo una tesis sobre el consumo libre de drogas. Enfatiza la hipocresía de los adultos al dejar libre la comercialización del alcohol y de los cigarrillos, de fácil acceso para los jóvenes; todo en función de la conveniencia para los que detentan el poder económico. Lo escucho en “aparente estado de neutralidad”, boquiabierto por la estructura coherente y clara de su pensamiento. ¿Se trataría de una reproducción automatizada del discurso incorporado o una producción original de un joven con visión crítica de los hombres, un filósofo sorprendente? Fuere lo que fuere, de esa manera consigue mantenerme atento e interesado en su persona.
Le hizo una crítica al papá, expresando que era apenas una persona a quien, únicamente, le interesaba ganar dinero. Agregó que su padre no tenía autoridad moral para educarlo porque ya había traicionado a su esposa, la progenitora de Carlos, y además nunca había conseguido lograr -inclusive después de la separación- una estabilidad emocional con ninguna mujer. Dijo que su padre no tuvo la capacidad suficiente como para mantener la unidad familiar. De su progenitor, sólo necesita que lo mantenga económicamente y por el hecho de ser menor de edad, todavía tiene que someterse a una serie de condiciones que le impone. Me cuenta que considera a su padre como excesivamente crítico. Vive con él, después de haber vivido 13 años con la mamá, y considera que el tiempo que pasó con su madre fue suficiente como para no tener ni una razón para buscar su compañía.
Su discurso me sorprende, otra vez, cuando narra su vida amorosa. Me contó que está comprometido con una joven universitaria -algunos años más grande que él- con quien pretende irse a vivir el año que viene, inclusive con la aprobación de la familia de la chica.
Le dije que debería ser muy interesante como para despertar la atracción de una mujer más grande que él. Concordó y agregó que se sentía muy maduro. Con delicadeza le pregunté si ella no estaría siendo, aunque sea un poco, su mamá. Le dije que, tal vez, la única diferencia radicaría en que se puede acostar con la chica, cosa que no podría hacer con su propia madre. Al parecer no le importó lo que le expresé y agregó que no veía nada de malo en tener relaciones sexuales con la madre porque los animales no hacen esa diferencia. Concluyó que ésa es, apenas, una convención impuesta por la sociedad y no algo espontáneo de la naturaleza básica del hombre animal. Sorprendido por la respuesta, le pregunté si él tendría relaciones con su mamá. Me contestó que no, porque ella era vieja, “usada” y anticuada. Y con un dejo de sarcasmo agregó que no era necesario hacerlo ya que tenía a una chica para él.
Él no cree en la existencia de los afectos. Piensa que las relaciones humanas se basan en esquemas lógicos cuyo sustrato es la competencia entre los seres en la lucha por vivir o morir.
Para él, lo único que existe en la vida son momentos. El tiempo no existe. Vivir es buscar el placer. Concluye: ¿de qué me sirve pensar en el mañana, si solamente sé que hoy estoy vivo? Es importante aclarar que está a punto de ser reprobado en la escuela, que no logra concentrarse en sus estudios y que sufre de úlcera gástrica.

En la adolescencia surgen, con evidencia y quizás con predominio, los fenómenos de identificación proyectiva, idealización, fragmentación, racionalización y negación de la realidad, siendo característicos de los estados mentales primitivos asociados a los aspectos más evolucionados y actuales de la actividad psíquica.
Las actividades amorosa y destructiva (y autodestructiva) se expresan de manera impulsiva y revelan el desconocimiento de los propios límites de tolerancia yoica ante las emociones y frustraciones que acompañan a las acciones. El joven vive y se defiende de los impactos transformadores de aprender con la experiencia en relación al mundo exterior y a las oscilaciones entre la posición depresiva y la esquizoparanoide que lo sorprenden.
En la adolescencia se da la aparición de vivencias primitivas que invaden al ego. Hay también la posibilidad de que emerjan las fallas ocurridas en la vida relacional primitiva. Ellas pueden haber comprometido ciertas capacidades básicas como: la búsqueda de objetos, sentir pesar y desesperación, cuya expresión comportamental puede estar presente en las actitudes delictivas.

Hace muchísimo tiempo, los mitos y los ritos demarcaban el paso del tiempo porque era “un tiempo que culminaba y que daba lugar al nacimiento de otro”, usando la expresión poética de Azoubel (1998). Era la delimitación del nacimiento, la adolescencia, el casamiento, la fertilidad y por último, la muerte. En la sociedad contemporánea, los mitos y los ritos universales están diluidos, debilitados, dando lugar a una hipertrofia de los mitos y ritos individuales o de pequeños grupos que se constituyen como autónomos dentro de una
Los nuevos modelos familiares, la sexualidad transbordante comunicada de forma interactiva mediante los recursos de los medios de comunicación y las diversas organizaciones de género revelan los cambios de la mentalidad actual. Pero, al mismo tiempo, ¿qué podremos decir de las adolescentes Incas, ninfas privilegiadas, seleccionadas y preparadas para servir a los grandes señores, siendo su destino final el ser sacrificadas en su juventud incipiente? Con satisfacción y estimuladas por sus padres, ellas ganarían un lugar junto a los dioses.
Creo que nuestro paciente, Carlos, vive ese dilema, así como nosotros también.
El tiempo nos dará la respuesta.

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