Identidad, definición
Para el diccionario de la Real Academia Española la Identidad sería un conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás y también es la conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a los demás. También es el hecho de ser alguien o algo, el mismo que se supone o se busca”. Es importante tomar en cuenta que identidad, idéntico e idioma tiene la misma raíz de idem que significa, lo mismo. Por lo cual se puede suponer una categoría lingüística de la identidad. Se podría decir que, el sujeto es como es hablado, sus nombres, sobrenombres, sus apodos, forman una identidad lingüística que nos hablan de él. El entramado discursivo per-se es el que le daría al sujeto una identidad determinada. Como dice Feinman:” Un hombre es un hombre cuando tiene un centro, su identidad, que es todo lo que ha hecho para ser lo que es.”
La pérdida de la identidad en la filosofía
Prometeo, hijo del titán Jápeto y la oceánide Clímene. Benefactor de la humanidad, crea a los hombres modelándoles con arcilla. Después les enseña a quedarse con lo mejor de los sacrificios a los dioses y roba el fuego sagrado del Olimpo, para entregárselo a los hombres. Ayuda a su hijo Deucalión a construir un arca que salve a los humanos del diluvio enviado por Zeus para destruirlos. Zeus irritado con Prometeo por su apoyo a los hombres, le encadena a un monte, donde un águila todos los días le roía el hígado. Por la noche el hígado se regeneraba y al día siguiente, el tormento comenzaba otra vez. Fue liberado por Heracles.
¿Qué falta cometió Prometeo? Negarse a reconocer en Zeus al padre de los dioses por ello fue condenado. Clavado en un peñasco altísimo un buitre le devoraba el hígado. El hígado no es cualquier parte del cuerpo para los griegos es muy importante lo hepático ¿no es cierto? Los griegos lo asocian fundamentalmente con la templanza, con lo que le da a un ser humano su humor, en el sentido de su entonación y sintonía con lo real, “estoy triste porque me duele el hígado” es la frase antigua y “ando bien del hígado, estoy contento”. Los trastornos hepáticos atañen en la medicina antigua y en la filosofía a los trastornos del alma, el alma está en el hígado para el griego; en consecuencia si al pobre Prometeo le devoran el hígado responde a una finalidad astutísima que es sustraerlo a la templanza que lo distingue y convertirlo en alguien que se parecería a una nada.
Justamente la idea es que Prometeo, no pueda ser eliminado porque es un Dios y a su vez pueda vivir la más horrenda experiencia a la que un ser pueda estar expuesto, que es el tiempo, atravesar el instante “hepáticamente” grave en el cual él no sabe quién es; un momento nada más porque después el hígado le crece de nuevo y así su tiempo es eterno pero hay un instante y la venganza está en el instante en el cuál al ser excluido el hígado, Prometeo que fue el dueño del genio y la creatividad máxima junto con Dédalo, no sabe quién es. No pudiendo privarlo del secreto que Zeus le quiere arrancar, lo priva de la identidad que Prometeo se arroga, a tal punto lo entiende así Esquilo que en un momento dado en sus monólogos penosos Prometeo dice: “qué vergüenza ser visto así”, ¿así cómo? como un menos Dios.
1. La recomposición subjetiva a partir del retorno al lugar de origen
Para ilustrar lo anteriormente dicho, tomaré un bello cuento llamado “Talush” cuyo título significa, en hebreo, tanto “corte” como “desarraigo”. El mismo expresa, en el plano literario, lo que el psicoanálisis sostiene en el plano teórico. Considero que este cuento pone en evidencia la importancia del terruño, de la patria, del origen, del barrio, del lugar en que transcurre la infancia – aquél en que conformamos nuestras experiencias más tempranas. Da cuenta de lo ligados que quedamos a esos mundos en los cuales vivimos nuestras experiencias infantiles, a sus olores, sus sabores, sus objetos y sus disposiciones especiales, estas todas experiencias entrañables que forman parte de la subjetividad. ¿Qué determina que algunas personas necesiten la recuperación de su medio para reconfigurar su subjetividad y otras, no? Son estos sujetos que, a pesar de haber hecho cambios radicales en su vida, continúan fijados neurótiicamente y no se exilian jamás de su pasado necesitando volver una y otra vez al lugar de origen a fin de elaborar dicha pérdida. La nostalgia por el terruño abandonado, unas veces elegida y la mayoría impuesta por las circunstancias, trae consecuencias en la identidad del sujeto que puede derivar en el intento de volver y recuperar, en la vuelta, el pasado perdido. ¿Cómo se integra el desarraigo sufrido y qué efecto sigue produciendo en la vida actual de las personas?
La del Dr. Veinick es una historia traumática que relata una historia que elabora la pérdida a través de la escritura. A pesar de lo cual hay cierta inautenticidad ya que es una ficción, un cuento.
En un lugar de Rusia, vive un médico de origen humilde, el Dr. Veinick, instalado en el centro de una gran ciudad, donde se codea con gente encumbrada y poderosa. El Dr. es bien recibido en la casa de hombres ricos e influyentes, para tomar té, hablar de literatura y jugar a las cartas. Sin embargo, siente soledad en su alma, siente que su alma es ajena a ese lugar, que pertenece a otro mundo. Al comienzo del relato, el Dr. tiene la sensación de ser un doctor ya maduro, consumado, inteligente. Pero un día todo cambia: se ve obligado a regresar, después de mucho tiempo, al barrio humilde de su infancia, para asistir a su hermano enfermo.
Veinik había terminado la Universidad con éxito, y había pasado los primeros años de su entusiasmo juvenil, cuando disfrutaba de las miradas y alabanzas de los demás. Con el paso del tiempo, sin embargo, el Dr. había comenzado a sentirse discriminado por no pertenecer a una familia importante, encumbrada, de abolengo. Fue así que decidió no frecuentarlos más, y se aisló, alejándose de todos ellos lo máximo posible. Se alejó de las veladas de la sociedad y de la gente que había puesto sus esperanzas en él. También se alejó de todos aquellos que frecuentaba en otra época, porque lo habían despreciado, tildándolo de “trepador”, por haber ascendido socialmente. El joven doctor se había sentido ofendido por el maltrato, y había decidido cerrar su corazón, hasta quedar solo.
Como no tenía grandes cosas en su vida, empezó a preocuparse por pequeñeces: el modo en que lo miraba el alcalde del pueblo, la manera en que lo saludaban – se preguntaba si lo hacían con la deferencia de antaño -, y luego volvía a su casa, donde se encerraba y recordaba su pasado.
Veinik provenía de un barrio muy pobre, había tenido una vida miserable, había sufrido hambre y frío (su casa de la infancia era de techo bajo, húmeda, con gente siempre enferma, y estaba sumida en la desesperanza), pero su suerte lo había arrancado de esas aguas como una planta que es arrancada por la corriente y arrastrada a otros lugares. En apariencia, él pertenecía a una clase acomodada, y se comportaba de acuerdo a sus códigos pero, por dentro, tenía siempre una sensación de profunda soledad. Ese resentimiento lo hacía sentirse como una persona enferma que es invitada a divertirse con gente sana y olvida, por un rato, su enfermedad, alimentando la ilusión efímera de ser como los demás. Veinik empieza a pensar obsesivamente en que sólo lo quieren por su profesión y no por lo que él es. En este lugar suspendo el relato porque me parece importante señalar el peso del analista en estas circunstancias.-
A menudo, Veinrick visita el barrio pobre en el que nació, para ver a los enfermos que viven ahí. Él sabe que, en su infancia, él mismo pertenecía a ese lugar, pero ahora tiene coche propio y se pasea con él por la ciudad, para ir a ver a sus enfermos. El Dr. no se siente un enfermo, pero tampoco se siente uno de los otros... Veinrick es conducido a una calle perdida en la ladera de la montaña, donde viven sus hermanos, sus vecinos, su historia pasada. Cuando pasa por allí, siente que lo miran, que se esconden de su mirada. Él siente un impulso: quiere saltar de su coche y compartir una travesura con ellos, tal como cuando era chico. También ve a sus hermanos, que ordenan huevos en canastas para la venta. Cuando el Dr. termina la visita y se aleja del lugar, se acuerda de su infancia y de sí mismo corriendo descalzo por los patios…
Pero un verano, algo cambia: lo buscan para llevarlo a ver a su hermano, que está enfermado. La que va a buscarlo es una prima hermana, que no lo conocía. Veinrick decide ir sin su coche, y va caminando con su prima, para no alterar la vida de su familia de origen, que vive sumida en la miseria. Veinick cree que su pasado y su historia de miseria habían sido superados… Pero, en este regreso a sus pagos, se da cuenta que las huellas son imposibles de borrar, y que, cuanto más se lo intenta, más se evidencia su presencia.
Retomemos la historia del médico: Veinick se entera de que su hermano yace enfermo y de que su otro hermano - que tenía que viajar a América a instalarse con su hija – postergó su viaje para cuidar al enfermo. En el camino de ida a casa de su hermano enfermo, la prima aprovecha para contarle al Dr. que el hermano de ella – primo de Veinick – vive ahora en Inglaterra y que se acuerda siempre de su familia, ya que les envía dinero. Ella le cuenta que tiene que estudiar inglés para poder viajar a visitar a su hermano, y le pregunta al médico si conoce una buena profesora.
El doctor camina junto a la joven, lleno de culpa: piensa que queda en el mundo gente más buena que él, gente que se preocupa por su familia. Por fin, llega donde está su hermano enfermo. Lo ve escuálido, oscuro, con los dientes amarillos, largos y secos; su aspecto es lamentable.
La tía de Veinick le reprocha, con alevosía, su alejamiento. “Yo les dije-dice la tía- que este doctor hermano de ustedes puede pasar con su coche por acá y ver a su hermano enfermo y no se le van a caer las medallas por ello!! ¿O sólo la aristocracia tiene derecho a enfermarse?” Su reproche está lleno de envidia ya que, si bien es cierto que ella tiene un hijo en Inglaterra que logró salir de la miseria de Rusia, su hijo no tiene un título de Dr. como Veinick. En el libro de Bercovich, el tema de la identidad se manifiesta explícitamente a través de las observaciones de la tía, pues es ella la que insiste en recordarle su procedencia. Por ejemplo, en una oportunidad, la tía le recuerda que a Weinick que, cuando era pequeño, ella le había comprado botitas para abrigar sus pies descalzos, pues era un niño pobre…
Es durante la visita a su hermano cuando Veinick recuerda su infancia, que se le aparece como un cuadro borroso. Recuerda que, un día, su padre había enfermado, como solía suceder, pero, en esa oportunidad, habían llamado al mejor médico de la ciudad. Vino el viejo polaco, Franciscovitz. Todos se pararon a su alrededor y prestaron atención a sus palabras. El viejo “goy” les dijo, en un idish perfecto, “¡la peste! ¡esto es una maldición!” Y ahora, él mismo es el médico. Veinick piensa cuán distinta fue su suerte al resto de su familia. Le es difícil soportar esa realidad. Le parece un sueño, y de pronto escucha la respiración pesada de su hermano enfermo y ve la carne de un hombre gastado, pobre, que hace mucho no se baña, que está destruido por la vida dura que lleva. Y se da cuenta de que esa gente, aparentemente tan lejana a él, le es cercana. “Es tuberculosis”, dice, e inmediatamente, saca dinero para comprar los remedios. Si bien he sostenido la importancia del hurgar en el pasado y recuperar vivencias infantiles, a veces, las mismas nos traen una angustia difícil de “metabolizar” por la psique.
Sus pensamientos vuelven a su infancia, ¿cómo evitarlo? En esos días frecuentaba a la familia del Dr. Berguer y escuchaba a la joven hija hablar de la obligación de la gente instruida para con los pobres, y la respuesta del padre, que le decía que nunca le agradecerían su esfuerzo. Su padre le decía: “después de todo lo que gasté en ti, no quiero saber nada de esa gente, aléjate de ellos como de la plaga”, y ahora, sin darse cuenta, lo empezaba a hacer. Su propio padre lo arroja afuera lejos de su casa y su origen en un esfuerzo por ayudarlo a entrar en la exogamia. Como si fuera una profecía, vemos que el hermano que se queda, muere aferrado al pasado, ya que no pudo soltar amarras y salir.- Tal vez mi hermano se muera piensa y miró a la chica que iba a su lado radiante, fresca. Se dio cuenta entonces que después que su hermano muera, porque sabía que se iba a morir, la tía se iría ir a Inglaterra con su hija y su hijo. Su hermano menor se iría a América y a él se le cortarían los últimos hilos que lo ataron a su pasado uno a uno se irían cortando hasta no dejar huella.
¿Qué tiene en común con su hermano ingenuo y honesto? Por qué Dios querría llevarse a alguien como él que nunca quiso el mal de nadie? después que muera el hermano, quedará él tranquilo? dejará de pensar estas cosas? El contacto con la casa, recorrer las calles le trae al Dr. Veinick nostalgia de su juventud, de su pasado.
Una semana estuvo en la cabecera del paciente día y noche. En una hermosa mañana primaveral su hermano falleció. Veinick sintió que lo suyo había terminado. El otro hermano lo esperaba apoyado en el umbral, apesadumbrado. En la mirada de la tía sentía el reproche, como si le dijera, ¿qué nos hiciste? Uno que sólo vino a ver el velorio, le pidió un papel para armar cigarrillos, para entablar con él una conversación en ese momento de tristeza. Cuando llegó el rabino, entró gritando, enojado por los lamentos de las mujeres y de que nadie se había ocupado de lavar al muerto que, con el calor del día, pronto se iba a descomponer. A Veinick lo disculpó diciendo: “Él no sabe de estas cosas, bastante tiene con los vivos” ¿Era esa una disculpa o un reproche? Luego, Veinick ve a su sobrino descalzo, con los mocos colgando, y recuerda su infancia. ¿Y si todo lo ocurrido fue un sueño, una pesadilla? Le preguntó el nombre al chico y se dio cuenta que tenía el nombre del abuelo, su padre. Le dijo que no llore que ahora estaba el tío para cuidarlo. Por momentos le parecía que su hermano estaba vivo que esto no había sucedido pero vio el cadáver ahí tendido indefenso y pensó en todos los cadáveres que tuvo que examinar en la Universidad en anatomía patológica, y éste era igual: un objeto inerte que se asemeja a otros vistos tantas veces por él.
La tía no dejaba de quejarse y lamentarse en voz alta. Decía que el Dr. Veinick no estuvo siempre con ellos pero que la vida era así que cada uno tenía su destino marcado y que siempre los más buenos son los que se van primero.
De pronto vio una pesada lágrima caer sobre la barba de su hermano, quiso decir algo pero sintió que se ahogaba y salió de la casa corriendo a llorar afuera, lloró como un bebé, que llora y para y vuelve a llorar. Como un solitario, abandonado en la vida, desgraciado, confundido que fue arrancado y arrastrado hacia un lugar que no era el suyo, a un mundo extraño. Ahora de vuelta, al lado de sus pobres hermanos, se daba cuenta que era uno de ellos, que nunca se fue, que ahí estaba su corazón.
Nuevamente el protagonista mira y se ve como parte del cortejo y ve a los otros que los miran
de afuera.
Por la calle, detrás del cortejo fúnebre, se percató de su situación y la obligación desagradable que tendría que cumplir para hacer honor a la vida de sus muertos. Y levantó su cabeza y vio asomada a un balcón a la hija del Intendente, bella joven y graciosa y su corazón se conmovió como si hubiera descubierto un refugio para tranquilizar su alma después de todo lo vivido. Y, cuando ella desapareció de su vista, bajó el Dr. la cabeza y se dio cuenta que para siempre iba a estar entre dos mundos sin saber a cuál pertenece mas y en cuál de los dos haría su misterioso camino en la vida.
Al Dr.Veinik le molesta no saber quién es para el otro. Lo que aquí está en juego no es sólo la historia y el recuerdo. Por el contrario, el olvido, que parece ser algo “natural”, a tal punto que creemos que funciona solo, es, en realidad, el velo misterioso que permite el desarrollo de la trama, pues “la memoria está allí para existir” ( Pag166). Lo que más angustia al Dr.Veinick es verse reflejado en la imagen de su hermano postrado en la cama, tuberculoso. Tal como lo expresa Lacán en el Seminario de la Angustia, al referirse a un cuadro de Francisco de Zurbarán, donde se muestra a la Santa Ágata con sus tetas en una bandeja y a Santa Lucía con sus ojos en una bandeja: “¿qué enmascara esta posición de objeto sino equipararse él mismo, ponerse en la función de la piltrafa humana, de aquel pobre desecho de cuerpo separado que nos presentan las telas?”
La angustia de Veinick reside en que el cuerpo deteriorado de su hermano representa la posibilidad de su propia castración. El hermano, muestra en espejo también la condición mortal y las zonas de vulnerabilidad que nos habitan a pesar de los logros y éxitos que cualquiera pueda tener en su vida. El hermano de Veinick es el resto que persiste allí externalizado y que le recuerda a Veinick no solamente su propio origen de pobreza sino también cómo esa historia lo sigue aún poseyendo.
El hermano le recuerda la esencia de su origen, la historia de su identidad en su aspecto menos logrado por ello es, de algún modo, la presentificación de la caducidad del sujeto, del fin, de la castración.
Recordemos que, Veinick, en idish, significa además poco o escaso. Ya desde el comienzo del cuanto el nombre del protagonista nos remite a alguien que siente que es nada o nadie. Un sujeto que no tiene identidad, que no pertenece a un lugar, lo que supone también una sobre-determinación significante que alude a la inanidad del ser más allá de todos los emblemas fálicos que éste porte.
La identidad de Veinick está conformada por dos aspectos de su ser; una la identidad que desarrolló, cultivó y logró en el plano socio-simbólico cultural. La otra es, aquella que encarna su hermano y que lo anuda a un pasado que nunca se termina de superar. Esto nos marca como el sujeto siempre se siente atraído por su historia infantil a la vez que pretende olvidarla o negarla a partir de sus éxitos o logros. Pero el pasado, la humildad de los orígenes, la indefensión, la pobreza de recursos etc. está inscripta en lo profundo de su ser y, de algún modo hace sentir su clamor. Es como si de alguna manera sólo recuperando ese aspecto uno podría quizá trascenderlo aunque siempre está el riesgo de quedar adherido al pasado. Aquí el pasado se le aparece a Veinick bajo la figura de un hermano determinado, agónico. Se confronta con su historia a la que no se puede eludir.
Finalmente lo vemos atrapado a un pasado que siempre lo convoca y llama y en el esfuerzo por deshacerse de el Veinick deja irresuelta su vida y queda atrapado a este neuróticamente.
El repudio al pasado de origen reconoce como motivación fundamental el deseo de escapar a la confrontación con la falta que es inherente al retorno. Volver al lugar de origen, revisitar los espacios donde vivió es reencontrarse con lo igual pero con la diferencia de la pérdida que genera el irrevocable paso del tiempo y enfrentarse con la enfermedad, la vejez y la muerte de los seres queridos. Sin embargo, este retorno es fructífero dado que permite pensar lo perdido, evocar y elaborar discursivamente las ausencias. A la vez que da fuerzas porque ayuda a comprender y enfrentar la finitud. También refuerza la subjetividad porque permite contemplar y evaluar lo que constituyó la subjetividad. Los defectos y las virtudes de los seres que acompañaron en la niñez y la juventud permiten reflexionar para poder recuperar lo mejor del pasado y desechar lo negativo. Al volver, al barrio el Dr. Veinick incluye y recompone su subjetividad.
La memoria
Muchos autores toman como tema central de sus reflexiones a la memoria, la que despierta en el hombre sentimientos antitéticos como: la necesidad de olvido y el deseo de recordar. Así, nos encontramos con sujetos que, paradójicamente, cuanto más intentan tomar distancia de su historia, más se acercan a su pasado repudiado. Tarea vana esta, dado que escindir lo vivido anteriormente empobrece y para crecer es necesario incorporar una y otra vez lo novedoso del vivir integrando simultáneamente el pasado sin reprimirlo ni excluirlo, ya que en el mismo habita mucho de la verdad del sujeto a partir de la cual se puede proyectar a su futuro. Recordemos que el acto de desentenderse del pasado priva al sujeto lo que le es más propio: su historia.
Todos aquellos que reniegan de su pasado, de sus valores y tradiciones, e intentan negar las influencias que los conformaron, terminan debilitando los aspectos positivos y más fecundos de su identidad. Ayudar al paciente a recuperar lo más genuino de su pasado y hacerse responsable del mismo, para conformar un nuevo proyecto creativo, es la incesante tarea a la que nos vemos convocados como analistas: se trata de recuperar las escenas significativas de la historia del paciente para reconstruir su identidad a partir de ellas y mucho más allá de ellas.
Considero que, intentar desligarse de los propios orígenes (étnicos religiosos o culturales) para construir una identidad “desde la nada” es una propuesta insensata ya que quien reniega de su pasado pierde fuerza, anula una parte de su historia, degrada sus ideales y, por ende, conforma una subjetividad emocional debilitada.
En este sentido, Freud opinaba que cada uno, para llegar a ser la versión más rica de sí mismo, debe recuperar lo más recóndito de la propia historia en el interior de un nuevo proyecto. En la correspondencia de Freud encontramos una respuesta reveladora. Cuando nació el hijo de Graf (de origen judío), éste le preguntó si no sería conveniente educarlo en la fe cristiana. Freud le contestó: “Si usted no cría a su hijo en el judaísmo, lo privará de una fuente de energía que no puede ser reemplazada por ninguna otra. Como judío, habrá de luchar, y usted debe dejar que se desarrolle en él toda la energía necesaria para esa lucha, no lo prive de esa ventaja”
Cuando hablo de integrar el pasado, no me refiero a una aceptación pasiva, de un pasado idealizado, sino a una recuperación crítica del mismo. Precisamente, la rebeldía adolescente consistiría en negar lo que no se adecúa a las apetencias, deseos y proyectos del joven, con el objeto de afirmar sus propias ideas. Si bien este rechazo es aceptado por los mayores para dar lugar al crecimiento y desarrollo del joven, en una instancia posterior, después de haber hecho una revisión crítica del pasado, surgirían, en el sujeto, otras ideas, producto no ya de la confrontación sino de la integración. Pero, si se niega o reprime todo pasado en aras de un “auto engendramiento” sin historia, se produce una severa fractura tras-generacional que empobrece y quita a cada cual la posibilidad de inscribirse en su tiempo histórico - que abreva, siempre, en el pasado.
Un tránsito adecuado del pasado al presente implicaría ciertamente una “conciencia depresiva” sobre lo que se perdió. Esta conciencia de pérdida es inherente al proceso de crecimiento y, si bien el sujeto vive esa pérdida como algo irrecuperable, no desarrolla síntomas. Voy a tomar cuatro ejemplos, dos de los cuales son literarios y que muestran distintas formas de dar cuenta del pasado y del retorno sublimatorio al encuentro con lo que fue.
Existen distintos intentos de recomposición subjetiva pero me voy a limitar a desarrollar sólo cuatro. Tomaré primero los que se dan a través de la escritura en dos novelas con sesgo autobiográfico a modo de recuperación lúdica de un pasado que fue. En ambas hay una recomposición subjetiva a partir de la vuelta “al pago” pero mientras que en la primera el re-encuentro es con la familia de origen, en la segunda es fundamentalmente con objetos y que acompañaron la infancia y juventud del protagonista. Voy a citar cuatro modos de re-significación subjetiva. El más frecuente es el que se da a través de la escritura como hecho lúdico. Por último concluiré con una viñeta clínica.
La memoria a partir del encuentro con los objetos
Son sujetos que han sufrido un quiebre, una enfermedad o una situación traumática y en el reencuentro con los objetos de su niñez recuperan su memoria. Esta es la historia de cómo un sujeto rescata su subjetividad a través del contacto con los objetos que lo acompañaron en su infancia. El sujeto es, a través de sus objetos o de cómo la subjetividad se hace a través de sus objetos. A continuación presentaré un extracto de la novela de Umberto Eco: “La Misteriosa llama de la reina Loana” donde podremos observar la recomposición subjetiva a través del encuentro con los objetos y lugares que constituyeron la subjetividad del personaje.
“La misteriosa llama de la reina Loana”
Trascribiré algunos párrafos de esta novela que nos van a permitir comprender cómo a través de retornar a la casa de la infancia, al territorio geográfico temporal y espacial, se puede recuperar, en el reencuentro con los objetos, la identidad perdida. Son los objetos de la infancia, los que llevan impresa para siempre la marca y la huella de lo que no se puede borrar jamás.
Es triste despertarse una mañana en una cama de hospital y ser incapaz de reconocer a tu mujer y a tus hijos, abrir los ojos y no saber quien eres…así reza la contratapa del libro de Umberto Eco “La misteriosa llama de la reina Loana”. Esta novela nos narra la historia de cómo un hombre de 60 años después de un tiempo en coma despierta una mañana sin saber quien es. Para ayudarlo a recuperar su identidad a su esposa se le ocurre llevarlo a la casa de su abuelo donde transcurrió gran parte de su infancia a fin de que pueda recuperar su pasado y con el su subjetividad perdida. Un viaje al pasado donde el autor descubre paso a paso aquello que marcó su vida.
“Un desván promete un paraíso un poco fané, donde los cuerpos muertos se ofrecen en una pulverulenta claridad, un elíseo vegetal que, en su vacío de verde, hace que te sientas en un bosque tropical mustio, en un cañaveral artificial donde te sumerges en una sauna blanda. Sin duda mi tesoro de Clarabella estaba ahí, salvo que debía excavar largo y tendido y no sabía por dónde comenzar.
Después de mis manos algo más se activó, casi como ante el Tesoro de Clarabella. Buscaba otra caja, sin duda de época posterior, la que tantas veces abriera antes de que nos sentáramos a la mesa. Y en esa caja estaban representados los caballeros bebiendo ante una mesa donde había otra caja de agua de mesa, también en ella con caballeros bebiendo… la espantosa promesa del Eterno Retorno; una vez llegados a la última caja, de existir una última caja, en el fondo de ese torbellino nos descubriríamos quizá a nosotros mismos con la caja del principio entre las manos.
Fue allá arriba donde ensayé mis exploraciones infantiles…La amnesia, es una metáfora de todos los olvidos que sufrimos, es imposible vivir recordando pero a su vez es bueno revisitar el pasado porque el mismo constituye el anclaje que da equilibrio al transcurrir de la vida. Siempre se sale enriquecido de esos momentos. Recuerdo el caso de una paciente que tenía guardados los objetos de su infancia a una cierta distancia para dejándolos enquistados en un lugar y, cuando los necesitaba nuevamente visitaba a través de ellos el pasado y su historia. Son objetos que circulan de generación en generación los que dan fuerza y presencia a ese pasado. En la novela de Umberto Eco al protagonista le hace bien el encuentro con sus objetos porque al reencontrarse con los mismos se recompone. Vuelve al pasado, a su pueblo y recupera recuerdos que estaban sepultados, reprimidos para siempre. Aquí vemos la recomposición subjetiva a través del contacto con los objetos, y con el pueblo o barrio de la infancia. Esta recomposición también puede darse reencontrándose con personas que compartieron parte de nuestra historia. El que no quiere saber nada de su pasado sufre una pérdida identitaria porque si repudia su pasado se queda vacío de contenido y puede constituir un falso self. El pasado se puede recuperar y recomponer desde otro lugar sin quedar aferrado con nostalgia. Igualmente hemos de destacar que hay que poder reencontrarse con lo perdido y soportar la pérdida de ese pasado que fue y que probablemente nos recuerde momentos no gratos.
Frente a esta circunstancia caben dos opciones:
1-Resistir en el desconocimiento y cortar una parte constitutiva de su ser originario. Esto no es sin consecuencia, dado que el sujeto en tal caso renuncia a la riqueza de su historia y a los valores milenarios de su tradición. Esta renuncia obviamente empobrece y genera un desgarramiento insoluble entre lo que el sujeto “quiere ser y lo que verdaderamente es”.
2.-Recuperar la identidad perdida, esto es reasumir el nombre, y reparar la inconsecuencia de haber abandonado su pertenencia étnica para diluirse en la sociedad mayoritaria y poder así reconciliarse con su historia. Esta recomposición subjetiva es fructífera porque el sujeto no vive escindido entre lo que era y lo que es, ya que su persona y su ser se fusionan e integran en la misma existencia. Su recomposición subjetiva se ha logrado.-
1. La recomposición subjetiva de quienes retornan de tanto en tanto, a su lugar de origen. Son sujetos que, a pesar de haber hecho cambios radicales en su vida, dando giros repentinos o tomando rumbos distintos, continúan buscando en lo que cambió, aquello que sigue igual. Que han quedado fijados neuróticamente y no se exilian jamás de un pasado que los atrapa y los limita necesitando volver al lugar de origen a fin de intentar elaborar dicha pérdida. Puede verse en este grupo a muchas personas que se auto exilian.
2. También puede darse la recomposición subjetiva a partir del encuentro con los objetos que acompañaron la infancia. Son sujetos que han sufrido un quiebre, una enfermedad o una situación traumática que los sumerge en el olvido, en una nostalgia melancólica con el pasado y, en el reencuentro con los objetos de su niñez recuperan su memoria. Solamente cuando pueden volver y mantener una relación “amorosa” con sus objetos, con el pasado y con los territorios que los vieron crecer y vivir, se recomponen subjetivamente. En el caso que tomaré veremos la recomposición subjetiva a través de la escritura con sesgo autobiográfico. También veremos la recuperación lúdica del pasado del autor.
3. La recomposición subjetiva a través del análisis de un hecho traumático, en este caso “La Shoá”. Encontramos personas que han sufrido experiencias traumáticas devastadoras que pueden ser elaboradas adecuadamente por el psicoanálisis. El desarraigo forzado es, sin duda, el más traumático. Son sujetos que quedan “fijados” a lugares que han desaparecido pero, que recrean el lugar perdido en sueños que evocan el pasado. Esto se da cuando no se puede volver al lugar de origen, ya sea porque desapareció tras una guerra, una catástrofe, o simplemente porque no se es bienvenido. El acto de “desarraigarse”, tanto de lo vivido como del lugar de origen y el pasado que este evoca, privaría al sujeto para siempre del júbilo que da el encuentro con lo conocido.
4. La recomposición subjetiva a través de la recuperación simbólica de un pasado reprimido o repudiado. Esta recomposición podría acontecer si el sujeto atisba a través de la revelación de su genealogía, que le revela su nombre, su verdadero pasado. El cambio del nombre es un acto ético y marca una recomposición espontánea a partir del acto.
Cuales son los signos de la identidad judía?
1)Alfabetización, en un encuentro que tuvimos en 1996 con Shimón Peres en San pablo a la pregunta de qué tiene que hacer un joven judío dijo estudiar, estudiar!
2) Familia, es a mi juicio el lugar más importante para la trasmisión. Tal es así que en el seder de Pesaj se entretiene y se premia a los chicos con el aficomán para que permanezcan toda la noche junto a sus padres mientras se desarrolla el seder.
Rosh ha shaná es otra de las fiestas importantes, en realidad la más sagrada junto con iom ha kipurím porque la misma mesa marca la identidad del judaísmo con sus nombres y los símbolos presentes en la misma. Esta fiesta es un nuevo recordatoprio de la salida de Egipto hacia la libertads es también llamada iom ha din, día del juicio, iom truá por la llamada del shofar y por último y lo que hoy nos convoca e interesa Iom ha zicarón “El día de la memeoria”
También Freud tomó muy seriamente el tema de la memoria y le dedicó un libro a ella en “recordar Repetir y elaborar” dice el maestro de Viena que nos cuidemos mucho de recordar y elaborar porque el que olvida repite.
Y señores esto forma la identidad
El recordar quién soy, de dónde vengo y hacia dónde voy
Qué tenemos que recordar?
En la Biblia cada vez que el pueblo se alejaba del camino de Dios el le decía “recuerda a Amalek”
Por otra parte le dice Dios al pueblo “”Recuerda que te saqué de Egipto”
Pero qué es lo que no podemos dejar de recordar?
Que nuestra vida tiene un sentido.
Que por grandes que sean nuestros hijos, esperan que los guiemos.
Que tenemos una historia de más de 5000 años.
Y que sólo recordando todo esto podemos proyectarnos hacia el futuro.
La amnesia, es una metáfora de todos los olvidos que sufrimos, es imposible vivir recordando pero a su vez es bueno revisitar el pasado porque el mismo constituye el anclaje que da equilibrio al transcurrir de la vida. Siempre se sale enriquecido de esos momentos. Recuerdo el caso de una paciente que tenía guardados los objetos de su infancia a una cierta distancia para dejándolos enquistados en un lugar y, cuando los necesitaba nuevamente visitaba a través de ellos el pasado y su historia. Son objetos que circulan de generación en generación los que dan fuerza y presencia a ese pasado. En la novela de Umberto Eco al protagonista le hace bien el encuentro con sus objetos porque al reencontrarse con los mismos se recompone. Vuelve al pasado, a su pueblo y recupera recuerdos que estaban sepultados, reprimidos para siempre. Aquí vemos la recomposición subjetiva a través del contacto con los objetos, y con el pueblo o barrio de la infancia. Esta recomposición también puede darse reencontrándose con personas que compartieron parte de nuestra historia. El que no quiere saber nada de su pasado sufre una pérdida identitaria porque si repudia su pasado se queda vacío de contenido y puede constituir un falso self. El pasado se puede recuperar y recomponer desde otro lugar sin quedar aferrado con nostalgia. Igualmente hemos de destacar que hay que poder reencontrarse con lo perdido y soportar la pérdida de ese pasado que fue y que probablemente nos recuerde momentos no gratos.
Frente a esta circunstancia caben dos opciones:
1-Resistir en el desconocimiento y cortar una parte constitutiva de su ser originario. Esto no es sin consecuencia, dado que el sujeto en tal caso renuncia a la riqueza de su historia y a los valores milenarios de su tradición. Esta renuncia obviamente empobrece y genera un desgarramiento insoluble entre lo que el sujeto “quiere ser y lo que verdaderamente es”.
2.-Recuperar la identidad perdida, esto es reasumir el nombre, y reparar la inconsecuencia de haber abandonado su pertenencia étnica para diluirse en la sociedad mayoritaria y poder así reconciliarse con su historia. Esta recomposición subjetiva es fructífera porque el sujeto no vive escindido entre lo que era y lo que es, ya que su persona y su ser se fusionan e integran en la misma existencia. Su recomposición subjetiva se ha logrado.-
1. La recomposición subjetiva de quienes retornan de tanto en tanto, a su lugar de origen. Son sujetos que, a pesar de haber hecho cambios radicales en su vida, dando giros repentinos o tomando rumbos distintos, continúan buscando en lo que cambió, aquello que sigue igual. Que han quedado fijados neuróticamente y no se exilian jamás de un pasado que los atrapa y los limita necesitando volver al lugar de origen a fin de intentar elaborar dicha pérdida. Puede verse en este grupo a muchas personas que se auto exilian.
2. También puede darse la recomposición subjetiva a partir del encuentro con los objetos que acompañaron la infancia. Son sujetos que han sufrido un quiebre, una enfermedad o una situación traumática que los sumerge en el olvido, en una nostalgia melancólica con el pasado y, en el reencuentro con los objetos de su niñez recuperan su memoria. Solamente cuando pueden volver y mantener una relación “amorosa” con sus objetos, con el pasado y con los territorios que los vieron crecer y vivir, se recomponen subjetivamente. En el caso que tomaré veremos la recomposición subjetiva a través de la escritura con sesgo autobiográfico. También veremos la recuperación lúdica del pasado del autor.
3. La recomposición subjetiva a través del análisis de un hecho traumático, en este caso “La Shoá”. Encontramos personas que han sufrido experiencias traumáticas devastadoras que pueden ser elaboradas adecuadamente por el psicoanálisis. El desarraigo forzado es, sin duda, el más traumático. Son sujetos que quedan “fijados” a lugares que han desaparecido pero, que recrean el lugar perdido en sueños que evocan el pasado. Esto se da cuando no se puede volver al lugar de origen, ya sea porque desapareció tras una guerra, una catástrofe, o simplemente porque no se es bienvenido. El acto de “desarraigarse”, tanto de lo vivido como del lugar de origen y el pasado que este evoca, privaría al sujeto para siempre del júbilo que da el encuentro con lo conocido.
4. La recomposición subjetiva a través de la recuperación simbólica de un pasado reprimido o repudiado. Esta recomposición podría acontecer si el sujeto atisba a través de la revelación de su genealogía, que le revela su nombre, su verdadero pasado. El cambio del nombre es un acto ético y marca una recomposición espontánea a partir del acto.

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