EL legado perverso por Dra Mirta Noemí Cohen
Las Nubes
Argumento de la obra
Las Nubes fue presentada por primera vez el año 423 a. C., pero Aristófanes no logró ganar el primer lugar, sacando el tercero en las Dionisias. En las nubes aparece la primera referencia histórica sobre Sócrates.
La obra trata de un padre, Estrepsiades (Στρεψιάδης), y su hijo Fidipides (Φειδιππίδης). Fidipides es un joven fanático de la hípica y los caballos, cuya diversión le sale bastante cara a su padre, que ha contraído una serie de deudas por su amor a los caballos. Su padre va directo a la ruina y no tiene interés en pagarle a los acreedores y para eso idea un plan que lo sacará de problemas: Mandará a su hijo a estudiar al Pensadero, de Sócrates, que es una especie de escuela donde enseñan, por dinero o cosas de valor, los sofistas Sócrates y su amigo Querefonte (Χαιρεφῶν)
Pero Fidípides se niega a ir y termina yendo Estrepsiades, que cuando se encuentra con los discípulos de Sócrates y Jerefonte pregunta lo que hacen y mantiene después un diálogo con uno de ellos, durante el cual es presentado a Sócrates que es llamado "él mismo" (αὐτός) que está colgando de un cesto observando el cielo. Tras ese episodio cómico Sócrates le habla del cielo y le demuestra que Zeus no existe y que las nubes también son diosas y muy importantes, y quien junta las nubes no es Zeus sino el "Torbellino" (Δῖνος).
Estrepsiades es un hombre viejo y rústico que olvida todo lo que aprende. Las Nubes le dicen que vaya a buscar a su hijo por ser más joven y así Estrepsiades lo convence para que aprenda los dos argumentos en un diálogo donde el hijo sostiene opiniones antiguas y el padre las opiniones nuevas.
Finalmente Fidípides concurre al pensadero y aprende a argumentar pero lejos de adquirir buenos valores sale corrompido persiguiendo al padre para pegarle, así Estrepsiades junto a un esclavo toma venganza de Sócrates que huye del pensadero que está siendo quemado
El legado perverso
Estrepsíades no es un padre convencional, es un padre perverso que envía a su hijo a estudiar con Sócrates cómo subvertir la ley y ganar causas injustas. “Si tu aprendes esto, me librarás de pensar y de cuánto debo pagar por tu causa”. Voy a tomar sólo este tema que me recuerda un paciente que refería cómo el padre lo hacía cómplice de sus delitos.
Pareciera que Estrepsíades ante el misterio de la paternidad se dice: “Quiero que mi hijo sea como yo, ya que, aparentemente todas las conductas de Fidípides reflejan la educación que recibió de la madre.
En su afán polémico Fidípides estudia con Sócrates y aprende a sacar provecho de las enseñanzas que allí recibe, para usarlas contra su padre y sacar ventaja de sus errores. De un padre como de un maestro esperamos que predique con el buen ejemplo ya que los padres buscan trascender a través de sus hijos como el autor con su obra.
Aristófanes nos dice que muchas veces el conocimiento y la retórica, lejos de conducir al buen juicio llevan al error como lo marcaron otros padres en la literatura como el padre de Hamlet que lleva a su hijo a la venganza para mostrarnos que la metáfora paterna Dios Padre y Autor están en la base de la cultura patriarcal. Lo mismo que le sucede a Dios en la cristiandad que trasciende su inmanencia no en sí mismo sino en su hijo el autor, crea una obra y no entra al mundo con su propia persona. Es con esta idea que Estrepsíades envía a su hijo a estudiar en su lugar.
En “El rey Lear” observamos que el rey confunde los halagos con el amor y cree ser más amado por sus hijas mayores que sólo buscan quedarse con su patrimonio. La relación Padre- hijo no pertenecería al orden de lo real, ni al orden de lo natural. La Paternidad, sería una noción que se establece a partir de la cultura y del lenguaje como dice Joyce en Ulises “La paternidad es un patrimonio místico, una sucesión apostólica, de único engendrador a único engendrado”[1] La paternidad es una antorcha que pasa de Padre a Hijo de dos maneras. Cuando el hijo se convierte en padre y su padre pasa a ser abuelo o cuando el padre muere.
Hasta los test de ADN, la paternidad era incierta. Un padre nunca podía estar seguro y creer suyos a los hijos de otro y viceversa podía ser padre sin saberlo. Una madre en cambio, tiene su certeza por eso muchas sociedades son matrilineales y establecen la tradición por vía materna. La mayoría de las culturas están fundadas en la ficción de la paternidad que es la base de la estructura de nuestra sociedad, de la cultura y del lenguaje. Relación que es a su vez, al decir de Lacan es la base del orden simbólico.
El padre no por ser anterior es superior como en el caso de Estrepsíades que envía a su hijo en busca de padres sabios, luego de lo cual Fidípides pretende convertirse en Padre de su padre ya que se desprende de su padre para elegir otro (Sócrates) y convertirse él mismo en su propio padre después. La madre de Fidípides sí marcó a su hijo en una historia no querida por su padre, su amor a los caballos y esto es anterior a la ley y a la identidad. Es sabido que, la ley se instaura en la sociedad para prohibir el parricidio, poner coto al incesto y propulsar la apertura a la exogamia. Si se vulneran esas leyes llamadas “naturales”, todo el andamiaje social se cae ya que todo crimen, conduciría en última instancia al parricidio, que sería la negación de la ley instaurada por el padre. Cuando se mata al padre se elimina una investidura, se cruza un límite, mas allá de la persona se atacaría a la autoridad que la misma inviste. La prohibición del parricidio es la más significativa porque representa el último límite al goce. Matar al padre equivaldría a precipitar un tiempo, como decía Constantino el africano, “el parricidio es un acto de auto investidura que precipita y le gana de mano al tiempo de la muerte del padre”. Otra cosa es “matar simbólicamente al padre” para consumar el parricidio simbólico. Hecho que hasta tanto no se consuma no se autoriza el sujeto a ser amo de si mismo y está en una posición pasiva con respecto a cualquier persona que erija como ideal en lugar del padre.
[1] Joyce, James; “Ulises” Barcelona, Editorial Lumen, 1994

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